The Darkest Habana I

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Casona ubicada en la esquina de 17 y 6.

La Habana puede ser un sitio muy peligroso si le permitimos a nuestra imaginación tomar las riendas de nuestra siquis. Dejamos la cordura en casa y le cedemos espacio al miedo, al terror, a la sugestión sicológica. A cada sombra le asignamos una criatura, a cada sonido un ser con características etéreas. La oscuridad siempre ha sido tierra fértil donde los monstruos más inconcebibles se materializan y se quedan grabados en nuestra memoria. No es tan terrible que se queden ahí como un archivo más entre tantas neuronas. Lo terrible es que acceder a ellos es vuelve sencillo en extremo. ¿Primer beso de una relación o los tentáculos babosos que nunca tocaron tu espalda en aquel cuarto oscuro? El miedo y el placer, cuando se trata de grabar memorias, son las tintas más efectivas.

Así, cuando caminamos en la noche por La Habana, con el alumbrado público que simula viejas lámparas de gas de una Inglaterra victoriana, nuestra percepción y referentes cambian. El tipo que siempre habíamos visto como a un cabeza de bombillo como Ricardo Alarcón y un bigote a lo Hitler (o dirty Sánchez) ahora se nos parece a Edgar Allan Poe. Los rizos de toda la vida parecen víboras o serpientes. Sí, es un cliché de mierda, pero por algo esa imagen de Medusa siempre nos ha acompañado, y a pesar de los siglos, casi todo el mundo sabe qué una medusa no es solo una especia de agua mala.

Lo más increíble y maravilloso de esta Habana no son sus edificios en ruinas, que parecen casas embrujadas o palacetes abandonados. Lo más increíble y maravilloso es que por azares y situaciones surrealistas que no somos capaces de explicar, podemos caminar por una calle cualquiera del Vedado donde ninguna vivienda tiene fluido eléctrico y sin embargo el alumbrado público funciona a la perfección. ¿Se imaginan? Esa luz mortecina, opaca y dorada, que simula una suerte de decadencia baña la oscuridad de La Habana. Da igual que la consideren una ciudad segura, por donde puedes caminar a altas horas de la madrugada sin que nada pase (y si pasa se le saluda), caminar en la noche por La Habana siempre es una experiencia tenebrosa.

Oscuridad. Poca luz. Eso no tiene nada que ver con la fotografía, pero por algún motivo, me encantan las imágenes donde siempre hay un margen para la imaginación. La fachada de una casa apagada, una bombilla incandescente que colorea de amarillo el cristal de una ventana. Nada asusta tanto como lo que no somos capaces de ver.

Cámara en mano salir a caminar. A buscar esas casas embrujadas. La mayoría de las fotos son malas, demasiada oscuridad, y para qué engañarnos, yo no soy un buen fotógrafo. Son más las ganas, los deseos y las oportunidades en esta era digital que el talento. Igual, la aparente ausencia de talento nunca ha frenado a nadie. Hacer lo que gusta es lo que importa. Por eso salí a retratar una Habana apagada, a disfrutar el miedo a la oscuridad, de que un tipo sin rostro pudiese arrebatarme la cámara, de ver una criatura alada despegar de la azotea de una casa decimonónica, de sentir un roce en la espalda y al girarme solo ver una sombra desaparecer en una esquina, de erizarme con un escalofrío debido a una ráfaga de aire helado que no levanta ni una hoja del suelo. ¿Lo sientes?

Pero como siempre, la realidad es mucho más rica que la ficción. Parado frente a una casa de dos plantas, sin techo y con arbustos aferrados a las paredes, buscando el ángulo adecuado, la iluminación ideal, comenzó a ladrar un mastín debido a mi presencia. Un mastín suena mucho más tenebroso que un perro por sus características de guardián. Y luego salió la dueña debido a los ladridos.

  • ¿Quién es?
  • Nada, nada –le respondí–.
  • ¿Pero qué quieres? El hospital es al lado.
  • No señora, que no voy al hospital.
  • Entonces, ¿qué haces?
  • Nada señora, tirando una foto.
  • Pero vete de ahí porque el perro está ladrando.
  • Señora, por Dios, estoy parado en la calle tirando una foto, ¿para dónde quiere que me vaya?

Soltó una maldición que no escuché bien, entró y dejó al mastín ladrando. Yo me fui pa’l carajo. Total, capaz que el perro no estuviese descargando su furia contra mí sino contra algún ser etéreo molesto por mi intromisión fotográfica.

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Casona ubicada en 19 entre 6 y 4. Las plantas han tomado una buena parte de la fachada y las paredes.

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Una noche sin luz, iluminándose con el alumbrado público.

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Casona ubicada en la esquina de 17 y 4.

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Casona ubicada en la esquina de 17 y 2.

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Los gatos, siempre tan adorables…

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Fachada de una casona ubicada en 17.

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Una puerta abierta en una casa apagada siempre invita a algún tipo de misterio.

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Los pisos más altos de una casa siempre suelen ser los más tenebrosos.

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Algunas fotos de Shaquille O’Neal

No es noticia, Shaq estuvo en La Habana, se dio un brinco por las canchas de 23 y B y le dedicó un tiempo a los niños, a través de algo que acá llamamos clínica de entrenamiento, sea cual sea su significado. Para algunos, como yo fue el encuentro con héroe de la infancia. El texto está por Cachivache Media, y estas son algunas fotos que pude tomarle al 34 de Los Angeles Lakers.

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Shaquille O’Neal asediado por las cámaras de la prensa.

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Lo importante es tomarse el selfie, da igual si Shaq lo nota o no

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Todos querían inmortalizar el momento de la visita de Shaquille O’Neal.

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Shaq le lanza una mirada asesina a uno de sus rivales.

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En uno de los momentos en que fungía de árbitro, Shaq canta una falta. En el público, Fernando Medina busca una buena instantánea de la visita.

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El gigante observa cómo los niños juegan.

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Saque inicial de uno de los partidos jugados entre los niños donde Shaq actuaba de árbitro.

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Las declaraciones de Shaquille O’Neal a la prensa, mientras combatía el calor.

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Shaquille O’Neal, impasible ante el sol.

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Shaq bloquea el disparo de una niña.

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Sonriente, disfrutando de jugar con los niños.

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Fotos descartadas

La crónica de mi viaje a Gibara está en Cachivache, un nuevo hogar que he encontrado. Estas son fotos que también tomé el viaje, pero no publiqué en nuestro medio, se las dejo por acá. Espero les guste.

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Raíces imaginarias

Noel un día recibió un mensaje de Dios. O así lo interpretó él. Trabajar las raíces, la madera, no quemarlas ni usarlas como leña. Y el obedeció. Y obtuvo su premio, un jardín de fantasía, una vida mejor, algo más de quince minutos de fama y felicidad.

Hoy son muchos los que le visitan para ver su obra. Ubicado en una de las tantas carreteras que atraviesan el paisaje pinareño, su casa llama la atención por las esculturas colocadas a la vista de los automóviles. Llegar allí es una especie de descubrimiento, por eso, cuando entras, te impactas aún más con sus fantasías llevadas a la madera. No hay mucho más que decir. Su historia solo puede contarse a través de sus imágenes, o imaginación, como se prefiera.

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¿Falleció Rabinovich? En la CMAPCP pensamos que se trata de un error

Daniel RabinovichLos homenajes son sencillos. Reúnes los méritos, hablas bien del occiso y se acabó. Unos meses después nadie lo recuerda. Excepto a los dioses, y Daniel era un dios, perdón, un Dios. La prueba de su divinidad serán las miles de reproducciones que tendrá Les Luthiers dentro de 20 años. No es una predicción arriesgada. Mozart, Beethoven, ¿hace cuánto murieron? Y ahí están. Para usted puede ser una comparación descabellada, para mí es la realidad.

Les Luthiers, no digo solo Rabinovich porque sería injusto, hicieron arte a partir de una serie de espectáculos donde además de visitar múltiples géneros musicales, siempre con una burla y sorna tan delicada que evitaban cualquier tipo de alusión, dispararon a todo lo jodido en este mundo, a veces a través de un simple chiste, otras, un show entero, como Bromato de armonio, una genial lección de historia, o quizás sea mejor decir reconstrucción de la historia por parte los políticos. En otras ocasiones les bastó unos versos: “… para hacer el mal no hay por qué ser diferente. Usted puede ser criminal, o ministro o presidente”. Pero hablar de política siempre es sencillo, y eso es lo menos que hace Les Luthiers. Sí, hablo en presente de ellos porque la muerte de Daniel solo significa que pasan de ser un quinteto a un cuarteto, como dijo Carlos Núñez.

¿A qué no le ha cantado Les Luthiers? ¿Qué estilo musical no ha cantado Les Luthiers? Es una pregunta difícil, por toda la cantidad de espectáculos que deben visionarse para no cometer errores a la hora de responder. En lo personal, San Ictícola de los peces (tarantela litúrgica) siempre me impresionó por tomar un tema tan puntual y folklórico, y a su vez universal, como la veneración de santos en los poblados más remotos. Y si queremos ir un poquito más allá con respecto a sus genialidades ¿hay algo más impresionante que el Rapsody in balls (handball blues) de Jorge Maronna y Carlos Núñez? Quizás solo el tarareo conceptual.

Daniel desapareció físicamente, pero yo, y muchos otros, aún sonreiremos cuando escuchemos a alguien hablar de epistemología, del merengue, de la vinchuca y del cuclillo, jamás le diremos a nadie “perdónala” cuando nos hable mal de su novia, ni tendremos que fingir ignorancia ante los poemas de Torcuato Gemini, gracias a él sabemos qué es el dubi dubi du, que la vida es hermosa, chalalalá, que estar en el campo es maravilloso, pero sobretodo, nos enseñó a no interrumpir jamás a alguien con incontinencia verbal. Esa era la mayor virtud de Rabinovich, enlazar una y otra idea sin la más mínima relación. Por eso, Esther Píscore es hoy una suerte de seña y santo para todos los amantes de Les Luthiers, la cúspide del monólogo, la carcajada del abdomen adolorido sin motivo aparente.

Tal vez alguien lo recuerde como Ramírez, a pesar de ser uno solo. Sean sinceros, antes de Rabinovich, ¿alguien oyó hablar alguna vez de una vieja leyendo ebria? Cuatro palabras para dejar una imagen imborrable. ¿Y cómo lo hizo? Haciéndose pasar por tonto. Daniel lo llamaba humor inteligente, pero lo de él era un talento monstruoso para meter la cuchareta fuera de sitio, un oportunismo tan bien sincronizado que uno dudaba si todo estaba planeado o si se le había ocurrido en el escenario. La cara de Mundstock cuando dice “This is the pencil of Esther Píscore” es de estupefacción. ¿Qué carajos acaba de ocurrir? Daniel sonríe y toma las riendas. “Wait a moment” le dice al público cuando comienza a aplaudir. Es en serio, acaba de pedirles que no aplaudan, él no ha terminado. ¿Quién hace eso? ¿Qué humorista pide al público no aplaudir? Daniel Rabinovich.

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Not a hero, masacre en 16 bits

providers10_794026_screenshot1BunnyLord lo ha intentado todo. El mundo parece condenado a perecer. Desde batidos gratis hasta eliminar todas las enfermedades. Nada da resultados. Una y otra vez viaja al pasado, intenta cambiar la línea temporal y el final siempre es el mismo (Episode 0: Another Last chance to save the world). Por eso, en un último intento, apuesta por erradicar el crimen. Un no rotundo a la violencia.

¿Y cuál es la mejor manera de combatir la violencia? Asesinado a todos los capos de la mafia de la ciudad donde BunnyLord se postula, los cuales son a su vez los otros candidatos a las elecciones. Parece algo escabroso esto de eliminar el crimen a golpe de ejecuciones, pero el mundo depende de ello. Para lograrlo, BunnyLord se rodeará de talentosos managers de campaña que le permitirán… lograr sus objetivos, es decir, matar a todos los criminales de la ciudad.

Claro, BunnyLord también es un conejo antropomorfo carismático; además de eliminar a la competencia se encargará de ser el rostro de la campaña, a fin de cuentas es él quien quiere ser elegido. Ayudar a los ancianos a llegar a casa, hacer regalos a los niños (incluso si los odia), mantener información delicada bien lejos de los medios y ofrecer declaraciones a la prensa mientras sus secuaces cumplen con sus indicaciones (ya saben, matar, destruir el alijo de drogas, matar, robar bonsáis, rescatar pandas y matar) son sus principales prioridades.

Sus tres rivales son un capo de la mafia rusa, un negro traficante de drogas y una asiática relacionada con los yakuzas. Un poco racista ¿eh? Deberá deshacerse de cada uno antes de las elecciones, en 21 días. La estrategia es sencilla, debilitarlos, hacerles perder puntos ante la opinión pública y luego asesinarlos. Tranquilo, usted como jugador se limitará a repartir balas como hostias.

Con un sentido del humor bien fino y una lógica aplastante que por momentos te hace dudar si cada político es igual a BunnyLord, Not a Hero se convierte en un shooter bastante desquiciado, con mucha sangre pixelada y un arsenal decente de municiones para hacer lo que mejor sabe el equipo de campaña, además de contar con otras ingeniosas armas, como un gatico explosivo. Cada nivel tiene un diseño fijo, nada cambia cuando mueres y reinicias, lo cual lo convierte en un juego perfecto para desconectar el cerebro y dedicarse a llenar de plomo a toda la lacra de la sociedad.

Claro, si los subordinados del conejo humanoide morado tienen éxito, puede que el alcance de su campaña sea inimaginable, y no solo salga elegido en su ciudad, sino como gobernante mundial, lo cual facilitaría su tarea de eliminar el crimen y salvar el mundo (encogimiento de hombros). Eso sí, incluso si el mundo no se salva, nosotros disfrutaremos muchísimo luchando contra el crimen y conociendo a fondo cómo se desarrolla una campaña electoral.

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Cuando morir de hambre no es tu principal preocupación

dontstarve_reignofgiantsEl título de Don’t Starve es solo un señuelo, una especie de anzuelo para enganchar al jugador y arrastrarlo al mundo donde se encuentran los protagonistas. Morir de hambre es solo una posibilidad, no la más remota pero tampoco la más probable. ¿Inanición? Sí, en las primeras partidas quizás, pero cuando te familiarizas con este universo (aquí debería escribirse un adjetivo relacionado con Burton, Lovercraft y Carrol) comprendes que hay otras peligros como los disímiles enemigos, el frío atroz, una ola de calor, criaturas de las sombras o la hermosa Charlie, un monstruo que te ataca cuando cae la noche y no estás cerca de alguna fuente de luz.

Don’t Starve posee un ciclo de día y noche muy parecido al de Minecraft; de hecho, buena parte de la idea de la supervivencia surge del juego donde no existen círculos y todo son píxeles. Y si se trata de la expansión Reign of Giants, estos ciclos varían según la estación del año. En invierno las noches y los atardeceres son muy largos, y el sol apenas sale unos segundos. En verano, las noches casi no existen, y el calor te abruma durante todo el día. La piedad no existe en este mundo. Existen dos estaciones más: la primavera, con fuertes lluvias que inducen a la locura, y el otoño, donde las sequías pueden ser un problema a la hora de obtener recursos.

Esta vez el nombre de la expansión no es un señuelo. Al ya abominable deerclop se suman otros tres monstruos, especies de jefes de nivel de cada estación. Cada uno es difícil en extremo de asesinar, pero sus muertes traen un premio, un objeto único con el cual crear o un chaleco de hibernación, o una armadura a prueba de fuego, o una sombrilla especial. Y ahí entramos en la fórmula de éxito de Don’t Starve: las posibilidades.

El jugador tiene a su disposición disímiles recursos para crear utensilios, armas, ropas, entre otros, que le faciliten la vida. Claro, si deseas tener un buen abrigo para el invierno, debes cazar un animal en específico y nada fácil de matar. Ese sistema de puntuación, por llamarlo de alguna manera, es lo que convierte a Don’t Starve en un universo de infinitas posibilidades. Al morir una y otra vez sabes qué te faltó crear. Esa necesidad de jugar una vez más, una vez más, una vez más y crear nuevas cosas, ya sea a través de una máquina de alquimia o de un artefacto de magia negra, ha sido el éxito del videojuego.

El concepto de la permadeath (muerte permanente) aquí golpea bien fuerte. Siempre debes comenzar desde cero, y los primeros días pueden ser muy aburridos al tener que recolectar otra vez los recursos básicos. Ese quizás sea el único defecto, una apuesta bien arriesgada de sus creadores (Klei) pero que a su vez deja una sensación de respeto. Muerte es muerte. Esfuérzate más la próxima vez. Y para ser sinceros, no hay nada más sencillo que morir en Don’t Starve. Como mismo cada animal o monstruo de este universo te provee de un elemento determinado, también hay otros que están solo para castigarte. Si cortas muchos árboles, un guardián de los bosques tomará vida y te atacará. Si asesinas demasiados animales, un demonio aparecerá e intentará robarte todo lo que no hayas almacenado. Y en las noches de luna llena los hombres cerdos se transforman, los fantasmas salen de sus tumbas y, por suerte, no es necesaria ninguna fogata para protegerse de Charlie.

El peligro aumenta cada día. Cachorros infernales te atacan cada cierto período de tiempo, los nidos de arañas crecen hasta convertirse en monstruosas reinas, y las diferentes estaciones se abalanzan sobre ti. Morir de hambres llega a ser la menor de las preocupaciones.

Ahora, para agregarle espectacularidad, el juego permite descender a un nivel inferior, una espelunca donde encuentras otro mundo diferente por completo, lleno de monstruos y nuevos recursos. Dos por el precio de uno. Y como a los creadores esto no les pareció suficiente, se puede descender un nivel más, unas especies de ruinas donde la dificultad para sobrevivir y no ser asesinados por las pesadillas, verdaderas marionetistas del juego, es casi imposible. Además, tiene un hermoso laberinto con un minotauro en el centro. Y otra máquina para crear maravillosos utensilios de las profundidades, pero solo crearlos, nada de prototipos.

El villano del juego es Maxwell, quien raptó a los protagonistas y los trajo a este mundo. A través de un portal ubicado en una posición aleatoria en todos los mapas, puedes retarlo y entrar a cinco mundos aún más complicados y difíciles, donde debes encontrar una serie de objetos cargados con una energía desconocida que te permiten avanzar hasta llegar al trono del villano. Spoiler alert: el final no es nada feliz, pero liberas a Maxwell y lo conviertes en un jugador más.

Por desgracia, hay un punto donde te saturas. Como no existe un final, el juego nunca termina. Es solo sobrevivir. Y en determinado momento nos sentimos extenuados. Pero no pasa nada. Después de unos meses volvemos a jugar Don’t Starve con nuevos bríos.

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