Rusia, día 25: ¿Y ahora qué haremos con nuestras vidas? ¡Ah! Sí, ganó Francia

Por segunda vez, Francia jugó al futbol y no se ocultó detrás de la línea Maginot. Por segunda vez, fue bello ver a les bleus. Por segunda vez, levantan la Copa del Mundo. Por tercera vez, el pobre Mandzukic marca en tres finales, y pierde cada una de ellas. Ahí están Griezman, por fin campeón de algo que implique jugar una final de verdad, y ganarla. Ahí está Pogba, sin gota de brillo en el Manchester, anotando en la final de un Mundial. Ahí está Matuidi, segunda línea del Juventus y campeón del mundo. Ahí está Giroud, el bulto, el de los goles bellos, si no, mejor no marcar. Ahí está Dembelé, sentado en el banco porque así luce mejor. Varane, Umtiti, la pareja de rivales, los defensas salvadores. Pavard. ¿Quién carajo es Pavard? Da igual, pedazo de gol que le clavó a Argentina. ¿Lloris? Un puto Dios. Solo los dioses saben cuándo equivocarse; hoy no había lugar para errores groseros y ahí va él y se gasta la cagada de la vida. Y el VAR, la federación del fútbol francés se deshará en elogios con el VAR. ¿Y Deschamps? La cobardía, el miedo, todos atrás, ya caerá el gol. Eso a Argentina no le funcionó en 2014. Y llega Francia y le dice, “tenías razón, era así, trancarse y dejarle el fútbol a los que saben delante”.

Pobre Croacia. Con su mantel de restaurante de tercera categoría jugando una final del Mundial de fútbol. Qué mierda esa FIFA al darle un premio de consolación a Modric cuando Mbappé debió ganar el mejor jugar del Mundial. Pobre Croacia, que dentro de poco tendrá en Zagreb (¿vieron? conozco la capital de Croacia) una estatua de Modric, Subasic, Rakitic, Mandzukic, Perisic, Lovren, Vida. Y en una esquina, Davor Suker con una sonrisa. ¿Por qué uno prefiere a los underdogs,  a los equipos más débiles? Supongo que el fútbol nos ha enseñado eso, a hinchar por lo perdedores. Seguir a quien menos posibilidades tiene. Las alegrías son mayores cuando la amargura está ahí todo el tiempo. Peor cuando es cada cuatro años. Cuatro años. Dios. ¿Qué voy a hacer con mi vida?

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Rusia, día 24: como si fuese una final

Hoy pudo ser el partido tu vida. Hoy, quizás, te hubieses convertido en leyenda. Hoy el mundo se habría detenido solo para verte. Pero no. Solo juegas un partido de consolación, un absurdo heredado del lógico tercer lugar del atletismo y cualquier tipo de carrera. ¿A quién le importa cuál es el mejor de los perdedores? El “que hubiese sido si” toma forma en un partido por el bronce. La decepción, la necesidad de jugar como si importase. La medalla que toda la vida te recordará qué tan cerca estuviste. Y cómo lo dejaste ir. Por un lado, unos franceses colgados de la portería, como si fuesen griegos, como si fuesen el Internazzionale de Héctor Cúper. Por el otro, el pundonor croata y la cobardía inglesa. El resultado es el mismo. Hoy no se juegan nada, Bélgica e Inglaterra cumplen con el montaje y comienza a rodar el esférico.

Dicen los números que Inglaterra tiene más el balón, pero la sensación es que los belgas tienen una superioridad abrumadora. A los cuatro minutos, la gran revelación belga, el gran ausente de la semifinal, el culpable, si se quiere, de la derrota por el simple hecho de no estar frente a Francia, Meunier, abre la lata. De extremo izquierdo a extremo derecho. Chadli centra y Meunier la empuja adentro lo menos elegante posible. El esférico le golpea unos centímetros por debajo de la rodilla derecha. Él simula rematar, para la repetición, para la foto, por si es el único gol del partido. Hay mucha fortuna en ese 1-0.

Así transcurre el partido: los ingleses desaprovechan oportunidades y los belgas derrochan talento. Hubiese sido una final hermosa y entretenida. Ya para cerrar, Hazard se regala el 2-0. Una sonrisa dolorosa para los belgas al final de la jornada, la medalla del casi. Del otro lado, la sepultura absoluta para Kane, Stones y Pickford. Quizás lo único peor que jugar un partido por el tercer lugar sea perderlo. Y quizás lo único bueno de esas dos derrotas seguidas (semifinales y tercer puesto) es la sensación de alivio que te queda al pensar “mejor no haber llegado a la final, hubiese sido mucho más doloroso”.

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Rusia, día 23: Francia – Croacia, veinte años después

Minuto cinco. Todo parece estar decidido. Trippier, con un cobro de falta decente, pero sin llegar a ser obra de arte, pone a Inglaterra por delante. Inglaterra domina. Croacia no tiene ideas. El segundo tiempo parece que será más de lo mismo. Todos los jugadores de Croacia salen serios, con cara de pocos amigos. El técnico, Zlatko Dalic, camina diez metros delante de ellos, como si se le hubiese olvidado comprar el pan o la leche; piensa en lo que sea menos en el partido. Cualquier persona con sentido común ya se imaginaba el morbo de Inglaterra – Francia en una final de la Copa del Mundo. Pero (no quiero ser pedante, se los dije con antelación), Inglaterra es Inglaterra.

En el segundo tiempo, los croatas se hicieron con el partido. Lentos. Sin apuro. Había tiempo. Un gol era remontable. Y ahí apareció Perisic, como en una cinta de artes marciales de los setenta, con un pie a una altura fuera de lo normal, el espíritu de Ibrahimovic, el empate, el inicio de la remontada. En 1998 les remontó Francia en semifinales. En 2018, tienen la oportunidad de remontarle a Inglaterra. El fútbol te da revanchas. Menos a Argentina e Higuaín.

En la prórroga, la lógica indicaba que Croacia moriría; incluso si llegaban a penales, no podían tener piernas para aguantar. El cansancio debía liquidarlos. Y entonces es Inglaterra quien parece ahogada. Kane, como buen líder, baja al medio campo. Intenta distribuir pero no logra mucho. Todo está servido para que el hombre más agotado de Croacia, que apenas puede moverse en el campo, cace un balón suelto y la envíe al fondo de las redes. El despiste de Stones es olímpico. El balón va hacia él y Mandzukic le gana las espaldas. Y Mandzukic no es Higuaín; él, si tiene media oportunidad, hace dos goles con una ocasión. Es el final. A Inglaterra solo le queda morir ahogada. La final soñada, el Bélgica – Inglaterra de la fase de grupos, queda como premio de consolación. Es estúpido. No deberían existir partidos por el tercer lugar. Solo debería existir un campeón, el resto son perdedores. Si no, Argentina podría consolarse de haber perdido solo ante los finalistas de la Copa del Mundo, y eso es una reverenda estupidez.

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Rusia, día 22: no te apures, de seguro cae un gol

Francia tuvo oportunidad de hacer el segundo, el tercero, incluso un cuarto, pero prefirió sentarse a esperar. Un acto de suprema valentía, conformarse con un único gol frente a Bélgica, confiar en tu zaga, en tu portero, en los once jugadores que defienden y dilapidan ocasiones por igual. Francia hace lo justo, no en sentido poético o de justicia, sino lo justo para ganar. Sin excesos, con alguna floritura, mucha entrega, y nada más. Francia me recuerda a Cuba, que espera sentada a ver qué pasa, si basta con el socialismo para seguir viviendo, o si alguien viene y lo derriba en un final inesperado.

Hazard lo intentó de todas las maneras. De Bruyne igual. Hay murallas insuperables. Muros que se ven desde la Luna, parecen el non plus ultra, hasta que un día caen. Y uno se pregunta cómo Argentina les marcó tres en octavos sin jugar a nada. En el fondo, Francia tiene suerte. Bélgica no, Bélgica tiene talento, y a los talentosos, pocas veces se le otorga la gracia de la victoria. Es más larga la lista de los grandes jugadores que no ganaron, que la de los campeones. También es cuestión de lógica, si juegan 736 futbolistas un mundial, y lo ganan 23, solo dos o tres estrellas podrán llevarse la miel a los labios.

A mi esta Francia me da un sueño terrible. Quizás a sus rivales también y por eso ganen. Tal vez por eso terminen campeones del mundo. O tal vez lo justo, esta vez poético, acabe con ellos en la final. Ojalá que no, no hay nada más aburrido en el mundo que las victorias justas y merecidas. Ni el propio juego de los franceses provoca un bostezo tan rápido como lo previsible.

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Rusia, día 21: Modric, el cobrador de penales

Por tercerra ocasión en la historia Inglaterra jugará unas semifinales. El tema es serio. De las dos veces que superaron la barrera del quinto partido, en una ganaron la Copa del Mundo. Con polémica incluida. Hoy todo pareció muy fácil. Par de goles y seguimos, sin complicaciones, en busca del título. Inglaterra es otro equipo, uno que gana con seguridad y sus estrellas no desaparecen cuando más se les necesitan. No hay un Beckham que se autoexpulse, ni un portero (o dos) que se trague goles inverosímiles, ni un Rooney que corra como pollo sin cabeza por el campo, ni un Lampard, ni un Gerard marcados por el cuño del vencido. Hoy Inglaterra parece poca cosa, y está en semifinales. La reina podría ver cómo ganan un segundo mundial. De seguro unos cuantos incorporarán un sir cuando los anuncien por el altavoz del estadio.

Rusia nos hizo un gran favor al sacar a España del Mundial. Nos ahorraron la tortura del tiki-taka, del pase por el pase, de la posesión por la posesión, de todo el absurdo en que se ha convertido el fútbol español. Seguro que por eso quieren separarse los catalanes, para tener ellos el fútbol más absurdo de todos. Quizás por eso, solo por eso, Rusia mereció mejor suerte. Y así se nos hizo creer. El golazo de Cherysev, más bello por dejar a Subasic clavado al suelo que por su propia factura, parecía un buen camino para deshacerse de los croatas. Y luego el gol salvador de Fernandes, cuando faltaban cinco minutos para que todo terminase. En algún punto, la ilusión, el pase a semis, estaban con los rusos. Todo dependía de Modric, que se ha graduado de pésimo cobrador de penales.

Ahí está Modric frente al balón. El capitán de Croacia, una de las dos bujías del Real Madrid, el hombre que falló un penal ante Dinamarca y casi hace lo mismo con un segundo. Búsquelo en Youtube, por tres centímetros Schmeichel no lo ataja. Y hoy, por desgracia para él, le tocaba enfrentarse desde los once pasos al fantasma que lo perseguirá el resto del Mundial. Al final Modric tiene suerte, porque sin suerte no se ganan tres Champions seguidas. Lo cobra mal, Akinfeev lo adivina, lo desvía al poste, pega en el travesaño, pega en el otro poste en una carambola eterna, y al final, se escurre entre las redes. Qué diferencia con Rakitic, que le pega suave, raso, como no se debería cobrar nunca un penal, y siempre terminan en el fondo.

Ustedes saben que frente a Inglaterra, Croacia tendrá un penal a su favor, ¿verdad? A ver a quién le dan la responsabilidad de cobrarlo.

(Cuando publiqué la primera vez, puse que Inglaterra solo había llegado una vez a semis de mundiales. Corregido. También el nombre de Fernandes lo publiqué con error. Corregido también.)

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Rusia, día 20: Astérix y Obélix vs Tintín

Francia sigue viva por pura inercia; con un mínimo esfuerzo elimina a sus rivales, caen como moscas ante su mera presencia. “Hola, soy Francia, ¿podrías dejarte ganar? Tenemos mucho potencial pero nos da pereza esforzarnos”; parece un chiste, y quizás eso sea lo más gracioso, la forma en que se propaga, se vuelve viral, y como buen chiste, ya todos se lo saben, “hay que rendirse ante Mbappé y compañía”. Cada día Les bleus se parecen más a la Argentina de Sabella, que sin mucho ruido se coló en la final de 2014.

Francia no se parece en nada a Astérix y Obélix, más bien lo hacen a Las aventuras de Tintín, donde un grupo de personajes paródicos se deja guiar por un niño que sin muchos problemas y algo de talento resuelve los casos. Lo sé, es absurdo, pero eso es Francia, un cómic belga donde no pasa mucho y todo parece maravilloso. A Uruguay no se le puede pedir mucho más; Muslera llevaba una gran cantidad de partidos sin cometer errores, así que era cuestión de tiempo; y Luis Suárez es un delantero de área, a diferencia de Cavani, que puede tomar el balón en su cancha y guiar a su selección. Y con garra no se le gana a nadie. Ni los trescientos en las Termópilas, ni los estadounidenses en El Álamo, cuando te superan, te superan, da igual si caes con honor o escondido debajo de una piedra. Quizás la muerte con honor se sienta mejor, pero es la misma muerte.

Bélgica, en cambio, sí se parece a la aldea de la Galia que resistía los embates de los romanos. Ahí están Astérix (De Bruyne), Obélix (Lukaku), Panorámix ( Hazard), esa pareja de centrales, tan parecida al pescadero y al herrero que se pasan el día discutiendo si el pescado está fresco o no, incluso Courtois es el artista incomprendido del arpa, que a base de gritos (y atajadas, claro está) se la pasa salvando a los suyos. Bélgica es un bastión. Hoy tocó encerrarse en el área y aguantar toda la furia brasileña. El partido anterior hubo que salir a buscar el resultado, con garra y con goles; y así, siempre hay un galo (en este caso belga) que sale a salvar el día. Cuando tienes la magia de Hazard detrás, todo es posible. Y si no los convenzo por completo con esta comparación, fíjense en Thierry Henry, y díganme si no ven a Ideafix, la mascota de Obélix, siempre con los galos, pero sin hacer mucho, quizás algún aviso inesperado por su olfato canino.

De Brasil, la magia y la falta de gol. Brasil nunca se había visto presionada en este Mundial. Hoy, por primera vez con los cojones en la garganta, no pudo salir airoso con toda su colección de cromos. Las estrellas, los jugones, los pentacampeones, vencidos. Son los engaños del mundial, que te enfrentas a cuatro selecciones de segunda línea y ya crees que estás al más alto nivel y puedes aspirar al título.

Ahora a esperar. Quizás la aldea gala, interpretada por Bélgica, caiga ante el influjo inexplicable de Tintín (AKA Francia). O quizás no, quizás los franceses salgan volando por los aires ante la poción mágica de Panorámix. Como sea, queda entre cómics francófonos. Ya se las arreglarán.

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Rusia, día 19: mira tú, ganó Inglaterra

“Baff, bola fácil de despejar”. Algo así debió pensar Akanji ante el disparo raso y sin potencia de Forsberg. Se equivocó. Era mejor dejarla pasar. Me duele en el alma tener que darle la razón a Ricardo Arjona, “pero bueno no es el que ayuda sino el que no jode”. Un partido muy trabado y con numerosas oportunidades desperdiciadas, se define por un fallo con las mejores intenciones del mundo. Si eso no es la definición de la tristeza, no se me ocurre qué más pueda serlo. Adiós Suiza, siga usted Suecia.

Y como mismo para unos es una desgracia, para otros es una bendición. Y si eres de ascendencia vikinga, seguro se lo atribuyes a uno de tus dioses, no importa cuál, intervención divina y no se discute más. ¿Cómo si no justificar que Suecia esté entre los ocho mejores del mundo si solo ha derrotado a México, Corea del Sur y Suiza? El azar es parte de los grandes torneos, injusto sería emparejarlos de forma que los mejores se enfrenten a los peores. O no, depende de a qué equipo te enfrentes o de por quién hinches. Igual a Suecia no es que le importe mucho.

Al parecer, llegó el día en que Inglaterra dejó de ser Inglaterra, justo cuando más se parecía a Inglaterra. Un penalti como una catedral y la ausencia de la estrella colombiana parecía darle el pase a cuartos de final a los inventores del fútbol. Ya estábamos en el tiempo extra, y los cafeteros empujaban con muchas ganas y pocas ideas. Inglaterra estaba casi segura. Solo un córner y Yerry Mina podrían salvarlos. Y en el 90+3, córner a favor de Colombia y gol de Yerry Mina. Es impensable, el Barça no puede permitir que un sudaca marque más goles que su estandarte político. ¿Qué sería de Catalunya si un colombiano fuese más temido que Piqué en cada jugada a balón parado? Por eso lo quieren ceder, que juegue en otro sitio; menos en el Madrid, claro.

Y en eso estábamos, Inglaterra se dejaba empatar en el descuento. Inglaterra, que nunca había ganado una tanda de penales. Inglaterra, que por no decepcionar prefiere decepcionar siempre. Inglaterra, agazapada durante los primeros quince minutos. Inglaterra que despierta. Inglaterra ataca y tiene par de oportunidades. Inglaterra, que de nuevo está en la tanda de penales. Y sin que nos diéramos cuenta, algo cambió en esta generación. De los cinco cobradores ingleses, solo uno falló, e igual fue una pedrada abajo que Ospina adivinó de pura suerte. Gracias a ese carácter, al parecer, Inglaterra es hoy una candidata seria. Quizás mañana vuelvan a ser ellos, pero hoy son algo distinto.

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