Crónica de un festival II

Póster de la cinta Le Havre

Póster de la cinta Le Havre

Sigo divorciado del Cine Latinoamericano. Ayer regresé con Misumi y terminé el día con una finesa. No me arrepiento. ¡Pelea, Zatoichi, Pelea! Era un claro anuncio de la trama de la cinta nipona, y Le Havre… era el nombre de una estación de la segunda película. Esta tesis de cazar las muestras colaterales y homenajes a cineastas europeos y asiáticos en tiempos de Festival me la aconsejo Héctor Darío, excelente persona y conocedora de cada recoveco de La Habana por el tiempo que pasaba en ella, y cuando digo en ella, me refiero a sus calles y conflictos.

Esta vez el espadachín ciego se encargaba de un bebé que quedaba huérfano debido a una confusión: la madre del infante es asesinada en lugar de él. Ichi se siente obligado con el niño y promete llevarlo junto a su padre, mientras los mercenarios que erraron al intentar asesinarle, le persiguen y atacan sin importarles el pequeño. Por si esto fuera poco, su fama es conocida por todos, y sus enemigos se multiplican al menor giro de tuerca.

A diferencia de la anterior película de Misumi sobre el invidente, esta tiene un tono más jocoso, podría decirse que autoparódico. De los lugares más inimaginables y con las razones más absurdas, se gana enemigos a los cuales, como bien reza la leyenda, va despachando sin que apenas podamos ver cómo desenvaina su espada. Su gran sentido es el de la escucha, y hace gala de este a tal punto, que detecta unos dados cargados por como suenan. Si todos los grandes héroes dejasen de tomarse en serios así mismos de vez en cuando, el cine fuera un lugar mejor.

La cinta finesa trataba sobre la inmigración. O la pobreza. O la solidaridad. O de las tres, si se quiere. Un niño de Gabón escapa de un contenedor con rumbo a Londres cuando descubren la carga humana. El único problema es que está en Normandía. Un limpiador de zapatos que apenas tiene dinero y depende mucho de lo que le fíen sus amigos vendedores se encuentra con el muchacho y decide ayudarlo.

Una cinta de sencillez pasmosa, que trata un tema muy sensible sin caer en cursilerías y con una superficialidad que no provoca ningún disgusto. Nominada en varios festivales europeos, preferiría citar a un renombrado crítico internacional de cine para referirme a ella, porque no podría estar más de acuerdo con él.

Según Anthony Scott, del New York Times, la peli es “un cuento de hadas elegante y sentimental sobre cómo debería ser el mundo, desde un sincero reconocimiento de lo que el mundo realmente es”.

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Acerca de Javier Montenegro

Estudiante de periodismo
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4 respuestas a Crónica de un festival II

  1. Mar dijo:

    Ya quiero ver Le Havre… me dejaste el regusto previo a un buen film.

  2. Pingback: Kaurismäki, la bondad y el karma en el Festival de Cine | El Microwave

  3. Espero que puedas verla

  4. Pingback: Kaurismäki, la bondad y el karma en el Festival de Cine | El microwave

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