Crónica de un festival VI: a modo de cierre

Después de la cinta de Eliseo Subiela, sentí temor de volver al cine y terminar decepcionado, pero le di un voto de confianza a Fernando Birri, protagonista de Paisajes Devorados. No fallé. Una hermosa cinta donde el realizador argentino se basa en un poema de Stanislao del Campo, para “pagar una vieja deuda pendiente con mi patria: confrontarme con un film de temática “histórica””, y de paso rendir homenaje a Méliès y al cine en sí mismo.

¿De qué va la historia? El Pollo le cuenta a su amigo don Laguna la obra que vio en el teatro: Fausto, y así se crea un nuevo relato que mezcla la historia de Goethe, el folclore gaucho y un léxico exclusivo de las personas del campo. Poesía. Hermosa y cargada de lirismo. El escenario, los niños representando la obra, la voz de Anastasio narrando cada detalle, los diferentes rostros de Mefistófeles, todo esto conjuró un cierre perfecto para el Festival del Nuevo Cine Latinoamericano en un encuentro con uno de sus padres.

Respecto a los premios, tuve la fortuna de ver las ganadoras de los tres Corales. No, de Larraín y ganadora del gran premio, si bien tiene una gran carga política, indispensable para alzarse con el galardón, no me pareció mejor film que Violeta se fue a los cielos, de Wood. Ambas cintas tienen una factura excelente, que no tienen mucho que envidiar a Hollywood, pero (el consabido pero) eso no implica un éxito seguro. El bio-pic de Violeta Parra es mucho más efectivo, apunta al corazón y funciona gracias a la actuación de Francisca Gavilán. En cambio, Gael García Bernal no contagia al público, ni logra una empatía con los espectadores en su papel de publicista convertido en comunicador político. ¿Cómo es posible no sentir ningún sentimiento ante un momento histórico de un país? De algún modo, No se las arregla para desarrollar esa apatía en nosotros.

La cinta de Larraín confirma uno de mis temores más grandes con respecto al Festival de Cine de La Habana: los premios no son para las mejores películas, sino para aquellas que cumplan con un canon que, en opinión muy personal, necesita renovarse.

¿Resumen final del Festival? Es difícil. Cada película nos aporta algo. Con Elefante Blanco me convencí de que no somos los únicos en tener un hospital en ruinas llamado Pedro Borrás. Paisajes devorados y El Fausto criollo me hicieron feliz, y quizás eso no sea nada para ustedes, pero para mí es esencial en el cine. De No prefiero callar, pues por su carga política podría ser malinterpretado. Violeta… me abrió una ventana al cine musical latino. Le Havre, aunque no es latina, me mostró una posibilidad remota en estos días: un mundo mejor es posible, y no me importa cuán cursi pueda sonar. Pero lo más importante no lo aprendí, sino lo reafirmé: el cine es un lenguaje universal, el resto… el resto es mierda.

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Acerca de Javier Montenegro

Estudiante de periodismo
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2 respuestas a Crónica de un festival VI: a modo de cierre

  1. Pocas veces hemos estado tan de acuerdo tú y yo. Un abrazo y gracias por compartir la butaca y las crónicas conmigo.

  2. el placer fue mío mi hermano.

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