Crónica de un festival

Fotograma de Zatoichi, filme de Kenji Misumi

Fotograma de Zatoichi, filme de Kenji Misumi

Arrancó la trigésimo cuarta edición del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano. La Habana se convierte en meca del cine por unos días, incluso para aquellos que no son amantes del séptimo arte latinoamericano. Diferentes muestras y selecciones de otros países también pueden disfrutarse durante estos diez días en la capital cubana.

Las obras de Kenji Misumi son un ejemplo claro de filmografías ajenas a la temática del festival. Del 4 al 10 en el cine Riviera, siempre a las tres de la tarde, y del 8 al 14 en la Sala 2 del Multicine Infanta se proyectarán 8 películas del director nipón. La primera de las obras mostradas fue Zatoichi, el espadachín ciego, iniciadora de una saga de 26 películas donde el masajista invidente es el protagonista.

La cinta no está plagada de combates ni primeros planos de espadas al estilo Zack Snyder, sino se adentra en la historia de dos clanes Yakuzas al borde de la guerra. Ambos jefes apuestan por dos espadachines para ganar a sus rivales: por un lado Ichi, el masajista ciego, se hospeda en Lioka, mientras que Hirate, un samurái enfermo, lo hace en Sasagawa. Con ritmo lento y largos planos, Misumi dibuja a unos inescrupulosos Yakuzas dispuestos a asesinar a quienes interrumpan su estilo de vida o arruinen sus juegos de apuestas.

Ichi e Hirate, quienes no más conocerse comprenden que deberán chocar espadas, desarrollan una amistad y respeto mutuo, baza utilizada por Misumi para oscurecer aún más a los clanes en guerra.

“Es difícil levantarse una vez has caído en este mundo” dice Zatoichi en referencia a los gánsteres, pero esto no impide que cierto código de honor pueda llevarse a pesar del estilo de vida que se viva. Una película que difiere en mucho al estilo que estamos acostumbrados en el cine, aunque no por ello se nos hace difícil comprender cuál es su premisa.

Del Panorama Internacional, la francesa ¿Y si vivimos todos juntos? se acerca al tema de la vejez. Cinco amigos septuagenarios ven la posibilidad de ser internados en un asilo y deciden vivir todos juntos. A pesar de todos los problemas que acarrean la mala memoria y el corazón cuando falla, el grupo de de amigos logra sobreponer sus diferencias a la necesidad de compañía y ayuda.

La cinta muestra la negativa de los ancianos a ser internados en un asilo, a quedarse solos, a tener que interactuar con nuevos conocidos cuando queda tan poco tiempo. Nadie quiere pasar los últimos días con personas ajenas a uno, incluso si sienten lo mismo que nosotros.

No todos tenemos por qué opinar igual, pero al final de la película, uno se convence más de la existencia de ese conflicto entre padres e hijos, donde los segundos asumen las funciones de los primeros y viceversa. Por desgracia, o por suerte, no existe un manual para la vejez.

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Acerca de Javier Montenegro

Estudiante de periodismo
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2 respuestas a Crónica de un festival

  1. Bene dijo:

    Sorry Javico, estoy tratando de mantenerme comentandote pero este post no pude terminarlo….tanto Saotichi y Mifune fue un katanazo al menton (bien sabes que el rollo nipon a mi no me va un pelo)….tal vez para el proximo..jeje

  2. Tranki, q aunque no es Mifuni, sino Misumi, solo recuerda la palabra que me regalaste cuando te mencioné que no escuchaba a Fito.

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