Manolito Márquez y el deja vu

Manolito Márquez despertó. El timbre del receso lo trajo de vuelta al turno de español. Miró la pizarra y le llamó la atención ver escrito “Año de la rebolusion…”, pero no hizo mucho caso y salió con sus compañeros. Se detuvo en la puerta y se giró para buscar a Amalia. Ella ya había salido. Los pechos de Agustina, que mantenían una presión desesperante  sobre el último botón de la blusa azul desteñido de su uniforme, descansaban en el brazo derecho del profe Ermenegildo. Sus nalgas eran el vértice de un ángulo de noventa grados  y entre beso y beso, Erme, como le decía ella cariñosamente, le explicaba algo de la materia. “No seas indiscreto mijo” le dijo Arnulfo a Manolito mientras lo sacaba del aula.

Con los ojos húmedos debido a la siesta interrumpida, fue a la cafetería de la escuela. El pan con requesón del comedor nunca le había agradado. Al llegar, se asombró con las ofertas. Matemáticas 5$, Historia 4$, Español 6$, Cultura Política 1$. Aquello le pareció un escándalo. ¿Cómo iba a estar más caro el examen de español que el de matemáticas? Le empezó a doler la vejiga y supuso que se estaba orinando. Apenas abrió la puerta del primer “toto” vio una silueta femenina azul marino convulsionando sobre otro cuerpo. “¡Fuera!” dijo una voz que reconoció como la del profe de Física.

Consternado, fue a la cátedra de Biología a utilizar el baño de allí. Esa era una de las ventajas de ser monitor. En el trayecto se encontró con Amalia. Venía tomada de manos con el director de la escuela. No se atrevió a mirarla. Sintió un movimiento raro en el pecho, como si algo le apretara el corazón.

Salió del baño y ahí estaba su profesora guía. “Arriba, entrando al aula”. “Yineisys, el profesor Octavio que subas a su cátedra. Odalis, Ernesto que bajes a la dirección” Manolito maldijo la hora en que eligió a Arnulfo como compañero de puesto. Además de que su pantalón amarillo era el más cheo de toda la escuela, las clases a su lado eran como ver Kill Bill comentada por Carlos Boyeros. “Otra ronda de templete pa’ Yineisys y Odalis, jejeje”.

Manolito Márquez suspiró profundo en busca de fuerzas para terminar el día. Nunca había resistido la secundaria. Llegó a su casa y sacó de la basura un pequeño libro. Su hermano le zarandeó la cabeza mientras le decía: “Tú no aprendes. Ya te he dicho que no hace falta que estudies, cualquier cosa que te equivoques en la prueba yo te lo arreglo, que algo positivo le tengo que sacar al dichoso trabajo. Además de las muchachitas, claro”. Lo ignoró y continuó sumido en “Caída y decadencia de casi todo el mundo”.

Le dolió la vejiga, y creyó una vez más que se estaba orinando. Se levanto y cuando se dirigía al retrete escuchó un grito: “Manolito Márquez, cuántas veces tengo que decirte que no puedes suspender a los muchachos. Vaya ahora mismo para el aula, devuélvale las pruebas e indíqueles lo que deben arreglar”. Le hirvió la sangre. Nunca había resistido a la directora. Le entregó los exámenes a los enanos rojiblancos y les fue dictando las respuestas a cada pregunta. Las ganas de orinar no se iban.

No pudo aguantar más. Se despertó en medio de un turno de Literatura Ninguneana. “Veo que no pierdes el hábito de dormirte en mis turnos, Márquez”. Le explicó a la profesora su bizarra experiencia y ella le respondió con la parsimonia propia de su figura: “No le veo nada de extraño, lo que sí me parece surrealistas es que tú detengas mi turno de clases, que por cierto, hoy tratamos un tema capital, para contarnos tus perogrulladas”. Nunca le había caído bien la profesora Voss Marie-Jelen, y después de ese comentario la incluyó en su lista negra. La literata había retomado el hilo para seguir con la clase, cuando Manolito le pidió ir al baño; al fin y al cabo, por eso había despertado.

“¿Tú me ves cara de inodoro? ¿O acaso mi clase te da ganas defecar?” El aula se vino abajo. Todos se morían de la risa: uno a uno caían fulminados con carcajadas fatales. Pero eso no le importaba al causante de tantos fallecimientos, él intentaba no sucumbir al comentario de Voss. No pudo. Un líquido caliente le regaló unos instantes de éxtasis.  “¡Te measte en la cama!” gritó su novia mientras lo zarandeaba.

Ella, ya molesta con anterioridad por una expulsión precoz de los posibles jimaguas que deseaba tener con M&M (mote empleado cuando la relación era tensa), terminó encabronada tras despertar debido al charco mágico que había aparecido en su cama. Manolito se levantó, y sin decir palabra se dirigió a la ducha. Eran las 3 y 10 de la madrugada. Lo supo por el tren más puntual de Ningún Lugar. Gracias a eso no escuchó todos los regaños de su pareja.

Cuando entró al cuarto, encontró a novia acostada en una colchoneta en el piso. Se sentía abochornado, pero tenía mucho sueño para entrar en un debate moralístico. Se acostó junto a ella y le pasó el brazo por encima. Ella resopló. “¿Con qué coño estabas soñando?”. Manolito no respondió. Le tomó la mano y cerró los ojos. “Te hice una pregunta”.

“Creo que tuve una visión del futuro de mi hermano”.

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Acerca de Javier Montenegro

Estudiante de periodismo
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4 respuestas a Manolito Márquez y el deja vu

  1. albita dijo:

    estoy tratando de dejarte un comentario, pero no aguanto las ganas de orinar, tengo que correr para el baño…

  2. Elisandro dijo:

    Buenas noches Javier, como siempre un gusto estar por aquì. Què hacer para frenar esta visiòn de “futuro – presente”?? Cuanto necesitamos escuchar a aquellos que peinan canas!!!, verdaderos MAESTROS y que por mùltiples razones o des razones se apartaron de nuestras aulas. Urge rescatar la escuela pedagogica cubana. Un abrazo desde Venezuela.

  3. aún esperamos que vuelvas del baño…

  4. dudo que exista un rescate… hay que esperar a ver qué solución se le encuentra a este problema… aunque lo primero es reconocerlo.

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