Moncada en Fotos

Hace unas semanas regresé de las cuevas de Santo Tomás, en la Sierra de Quemado. Como es costumbre, en agosto se realiza una espeleoacampada en la escuela de espeleología, y ahí entramos, novatos y experimentados cueveadores, a “la princesa de las espeluncas cubanas”, según Núñez Jiménez. Hoy me limitaré a hablarles de su ubicación.

Moncada, además de ser donde se crearon las dos primeras cooperativas agrarias en la isla, también es conocida por “los malagones”, aquellos que dieron caza al cabo Lara y a quienes Fidel les dijo que si triunfaban, habría milicias territoriales en Cuba. Hoy existe un monumento en honor a los doce hombres que realizaron la tarea. Una suerte de busto gigante de Alejandro Malagón y doce nichos donde descansan nueve de ellos y los otros tres esperan por sus ocupantes. Sí, por los que aún están vivos.

No sé ustedes, pero para mí sería raro conocer el sitio donde mi cadáver será depositado. Pero no está mal, después nos quejamos de homenajes póstumos, ellos ya tienen el suyo antes de desaparecer físicamente.

La ubicación del pueblo parece cosa del azar, como si Dios hubiese sacado un traspié y todas las estructuras que traía en la mano se le desperdigaron por el monte. Luego no le quedó más remedio que unirlas mediante cuatro calles, con tantas curvas como el GP de Imola, que mueren en un parque-rotonda.

La bodega, el consultorio médico y el bar, todos juntos en una de las zonas asfaltadas; más allá, al cruzar una pequeña llanura, una escuelita. El resto es casas. Algunas otras estructuras de bien social, pero muchas viviendas construidas con el mismo diseño. Las únicas diferencias entre ellas son los jardines y los murales en algunas fachadas.

Casi todas tienen un pequeño lodazal donde descansa un chancho amarrado a una cadena como si fuese un perro. Lo de los animales es surrealista. Al parecer aquí no hay ladrones de pollos o puercos.

Las gallinas y los cerdos desandan el lugar como si fuesen animales callejeros de la ciudad, pero sin el esqueleto pegado a la piel (o plumas). Están en todas partes, pastan como si fuesen vacas, y echan la siesta en el primer sitio que se les antoje.

Eran las doce menos cuarto cuando llegamos Moncada. Un viaje espectacular si se tiene en cuento lo intrincado del pueblo y la escasez de transporte, fenómeno insólito en esta zona y en el país. Un camión nos dejó a doscientos metros de la escuela y apenas caminamos con todos los bultos que se necesitan para acampar por varios días.

Llegamos, nos inscribimos, montamos las casas de campaña, y a recorrer el pueblo, por cuarta vez.

Casi termino sin hablar de las personas del pueblo. En uno de los recorridos nos sorprendió un aguacero, y no nos quedó más que guarecernos en el portal de una casa a esperar que escampase. Ellos no dejaron de insistir en que pasáramos a la sala, y nosotros renuentes. Los guajiros pinareños son mágicos. Si uno llega de pronto a su casa y pide lo que sea, ellos no dudan en ayudar. Rara avis estas personas no citadinas. Café, comida, consejo, lo que sea, son sospechosamente amables.

La noche sobre Moncada

Luces de la comunidad del Moncada durante la noche.

Desde el mirador de cueva Avispa, con zoom-in

Foto tomada desde el mirador de cueva Avispa.

Desde el mirador de cueva Avispa

La comunidad del moncada vista desde cueva Avispa.

Carreteras que unen un pueblo disperso

El Moncada está conformado por casas disperas que son unidas por carreteras sin orden.

Refrescando con la brisa

Fachada de una de las casas del Moncada. Casi todas son iguales en cuanto a estructuras.

Algunas casas poseen murales en sus paredes

Es habitual pintar murales en las fachadas de las casas.

Una edificación fuera de las cuatro calles

Algunas edificaciones no tienen una calle que lleve hasta ella.

El parque-rotonda del pueblo

En el parque del pueblo está colocado el premio de los CDR ganado por Moncada a inicios de los sesenta.

Kiosco de TRD recién abierto

Un kiosco de las Tiendas de Recaudación de Divisas alivia la vida de los ciudadanos.

El monumento de los Malagones visitado por un cerdito

En el monumento a los Malagones están los nichos de los combatienes que formaron la compañía que atrapó al cabo Lara.

Tarja de una de los Malagones aún vivos

Algunos de los Malagones, aún vivos, tienen su nicho listo para cuando mueran.

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Acerca de Javier Montenegro

Estudiante de periodismo
Esta entrada fue publicada en Crónica, Espeleología, Fotorreportaje, Grupo Guamuhaya y etiquetada , , , , , . Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a Moncada en Fotos

  1. albita dijo:

    ¿esto lo hiciste con tu camarita?

  2. esto… tú qué crees??? claro q no.

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