Síndrome de la espontaneidad interrogativa

Es una enfermedad muy grave, más si se estudia periodismo; por desgracia, muchos del gremio la padecen. Ejemplo sencillo: llegamos a la casa, el abuelo está rendido en el sillón y nosotros, preocupados por si falleció o impulsado por la musa de las musas, le preguntamos: ¿estás dormido? El anciano despierta sobresaltado y solo responde “no, no, estaba aquí…”. No todos somos capaces de lanzar semejantes joyas, la espontaneidad interrogativa no se aprende, para eso hay que nacer. O sea, es congénita.

No nos pongamos profundos, preguntas básicas para saber cuáles son los síntomas de la enfermedad; la de arriba es clásica. Hay otras como “¿estás embarazada?” que lo único que provocan son unos irresistibles deseos de realizar una extracción de muelas sin anestesia; o “¿te rompiste el brazo/pierna?”, y solo se merece una respuesta: “no, esto es el último grito de la moda en París, y como a mí me gusta estar a tono con las tendencias extranjeras…”. Serio, ¿por qué no piensan antes de dar uso a esas cuerdas vocales? Es una suerte de desconexión lengua-cerebro.

Una de estas oraciones interrogativas puede marcarte por toda la eternidad. Algunos enfermos ni siquiera pueden evitarlo ante grandes conglomeraciones de personas, ni en eventos importantes. Hace poco un amigo me contó de un estudiante argentino que le preguntó a Cristina Fernández, en su visita a Cuba, por qué los estudiantes de esa nación tenían que recibir educación física. Sin palabras. La pregunta fue guardada en las percontecas (o algo así) del mundo.

Lo más triste es la elaboración de algunas. ¿No nos damos cuenta de cuánto nos molestan estas preguntas? ¿Qué pasa cuando nos dejan caer un chistecito de doble sentido para sacarnos información o socavarnos frente a los amigos? Nos molestamos; el efecto es el mismo. Incluso a los profes; nada más triste y sencillo que un “no entendí”, pero es preferible a los “y si…”. No me refiero a quienes quedan con dudas en el aula y antes de llevárselas a casa disparan a los maestros, pero todo tiene un límite (tranquilo 2 de junio, no es directamente contigo).

Acabo de leer lo que he escrito. Quizás esté un poco agresivo, como siempre, pero no puedo evitarlo, debe ser el síndrome de la acidez espontánea. Es una cuestión de principios, de quedar bien con uno mismo, esa es la causa principal de nuestros males. Unos realizan preguntas tontas, otros no respetan la paz ajena. Está claro cual tiene peores consecuencias.

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Acerca de Javier Montenegro

Estudiante de periodismo
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2 respuestas a Síndrome de la espontaneidad interrogativa

  1. alejo3399 dijo:

    a mí me da mucha gracia cuando un priodista le pregunta a un campeón recién salido de la competencia ómo se siente…. cansado diría yo, no? y la clásica es a quién le dedicas el triunfo: a mi mamá, (y a quién más?) a mi hijo… (s síí, y a quién más?) y a mis vecinos del barrio… (y aquién más…. a ver??????)

  2. hay que ser como filiberto azcuy, que se lo dedicó hasta al perro mientras le preguntaban…

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