La mejor de las crónicas del verde

A R. y T., socios del berro.

El Puddy me contó la historia de estos dos amigos. Un servicio militar como los de antes, bien duro; con las balas rozándoles el cogote, con el espinazo y el estómago pegados a causa del hambre; todo esto en un lugar inhóspito. Justo como lo piensan, la civilización siguió de largo y no hizo parada en esta unidad; llena de mosquitos y con trincheras como camas. El Estado Mayor era de palmas y guano.

¿Dónde pasaron el servicio? En Cayo Santa María. Quedé tan impactado, que en el siguiente berro me senté a hablar con ellos, quería escuchar de primera mano sus historias. ¿Quiénes son ellos? Los nombres los mantengo al margen por razones de ética. No, ellos prefirieron mantenerse en el anonimato; así son los verdaderos héroes: callan ante el reconocimiento. No pienso reproducir mi conversación con ellos, solo les ofrezco los detalles de su hazaña; y sean sinceros, cuando hayan leído todo, díganme que el servicio militar no les sirvió para nada.

Pasaban siete días listos para el combate y siete días de pase. No es para menos. ¿Por qué había una unidad militar en el cayo? Era un punto estratégico para evitar la entrada de drogas al país. Los narcotraficantes dejaban los alijos cerca del lugar y la corriente marina hacía el resto. La función de ellos era evitar un desembarco y abrir fuego contra la primera lanchita que apareciese.

Todo en la vida tiene sus beneficios. Por un año comieron caguamas, langostas, camarones, pargos, la fauna local. A veces las semanas eran tranquilas y pescaban a placer. Por esa parte los envidio. Además de los suculentos manjares sagrados, la unidad les entregaba comida enlatada, un tanque de agua, pero nada de cereales, granos o pastas. La fogata estaba prohibida, pues revelaba la presencia de ellos en el punto estratégico. Debían racionalizar, pues hasta la otra semana no llegaba su relevo con nuevas provisiones.

¡Bah! No estaban tan mal, pensé; pero ahí comenzaron los cuentos de horror y misterio. Estuvieron en vela y bajo fuego enemigo varias noches. Los contrarrestaban disparando a ciegas, guiándose por el sonido. Mantenían todo el cuerpo dentro de la trinchera y sacaban las manos fuera junto con el arma para disparar, sin mirar pero con convicción, así evitaban el desembarco.

En otras ocasiones interceptaban paquetes de droga que pasaban cerca de su posición. Uno se lanzaba al mar y el resto de los soldados y el oficial lo cubrían de una hipotética aparición de los narcos. “¿Y no probaron nada del polvo blanco?” Se miraron uno al otro. “Par de veces, era un oficial de guardia que estaba medio loco, pero con los otros era por gusto”. ¿Volví a envidiarlos? Sus historias encajaban unas con otras a la perfección. Lo confieso, yo sospechaba una mentira, pero estaba muy bien contada, sus oraciones eran como engranajes. Un dato me llamó la atención: no había ninguna mujer con grados allí.

Par de veces pasó una lancha y abrió fuego a discreción contra la unidad, pero no hubo heridos, solo el tanque de agua se reportó como daño material. A esa hora tuvieron que correr y colocar las manos en los agujeros para no perder la única provisión de agua. La lancha volvió a pasar pero ya estaban listos (los que no tapaban los salideros) y la emprendieron a fuego limpio para cubrir a sus compañeros. Otra vez se les apareció un narco disfrazado de hombre-rana en la costa, pero casualmente estaban haciendo prácticas de tiro en esa dirección. Después de eliminarlo fue que supieron de qué se trataba. Lo enterraron en el mismo cayo.

“Acere –les dije-, ¿alguien les ha creído alguna vez semejante mentira? Porque el cuento ese no se lo cree nadie que haya pasado el servicio”. Se miraron una vez más. “Javier, ¿Tú sabes cuántas jevitas han caído con ese cuento?”. Comenzaron a decir nombres, uno cada uno. “Elena, Yarisleidys, María Carla, Annet, Laura…”. Eran más de quince.

Anuncios

Acerca de Javier Montenegro

Estudiante de periodismo
Esta entrada fue publicada en Crónica y etiquetada , , , , , . Guarda el enlace permanente.

10 respuestas a La mejor de las crónicas del verde

  1. Dariana dijo:

    conozco de sobra a los héroes de esta historia… no me los imagino a ninguno en esos avatares.. d hecho creo q lo más arriesgado que hicieron fue subir las banderas de la Tribuna antimperialista, al mens el rubén.. pero contada x el tommy, me creo hayan caído tantas… ja, ja, ja. Javier buena crónica…

  2. Bene dijo:

    Me tienen abandona’o…una semana sin verlos es demasiado tiempo, tio. Reportense porfis

  3. Graacias Dariana. Como dices, si el tommy lo cuenta, no hay dudas de que muchas caen.

  4. Jajaja, estoy como tú.tranki, nos queda la champions la próxima semana.

  5. Sandrita dijo:

    A mi me hicieron uno mucho más simpático…cuenta la historia de las construcciones habaneras, que unos muchachos, ellos chiquiticos y raquíticos, vivían a pocos metros de su centro de retención militar. Allí aprendieron a fumar criollos, a levantarse temprano, a hacer guardias, y de vez en cuando hacían alguna portada para la revista Verde Olivo, como verdaderos profesionales y no como simples amantes de la tecnología photoshopeana. Pero lo que más me asombró no fue eso, no que va!!! yo aun estoy al margen de conocer quienes fueron los arquitectos, los ingenieros y los constructores de un lugar que visito con demasiada frecuencia, más de lo que gustaría hacerlo. La Facultad Bohemia, fue edificada con la gracia y fuerza de estos muchachos que ayudaban a sacar los escombros…yo reconocí esa hazaña, como única..han logrado con su actividad militar obligatoria, que casi mil estudiantes gocen de aulas con tremendo eco, pasillos descoloridos, y losas desniveladas propensas a cualquier tipo de ruptura… pero igual, propiciaron una comodidad, algo parecido a un espacio universitario. Con esa historia si caí…como no hacerlo…no es por nada, pero esta crónica verde Javi… está de película cubana de los 80. Creo que vieron demasiadas veces la peli “guardafronteras”…pero mejorándola al millón, llevándola a un sueño…la verdad que el berro está llegando a la parte fantástica, sobre todo, en la que caen una pila de jevitas con el cuentecito…jejeje…QUE HOMBRES…donde el servicio militar solo les sirve para hacer volar la imaginación, hacer buenos amigos, perder el tiempo contra su voluntad, y ser unos sumisos…
    Gracias Javier Montenegro, me reí mucho a distancia, porque me imagino, a estas SIGLAS, haciendote el cuento, y tu abriendo los ojos…te quedó mortal…hablando en buen cubano!!!

  6. Muchas gracias a ti sandrita. Imagínate, ellos son los reyes del verbo… uno cae redondo.

  7. albita dijo:

    supongo que te diste cuenta Javier, pero esa historia es igualita al guión de cierta película cubana ¿adivinas cual?

  8. hayde dijo:

    oye tommy que todas no caimos con esa historia

  9. camarero dijo:

    “guardafronteras”… es el mismo cuento de guardafronteras… y santa maría está lleno de hoteles… así que el cuento era bastante fantasioso…

  10. Sip, es la misma historia, pero quien no ha visto guardafrontera y los escucha hablar con 4 tragos de más, se la traga completica. Fíjate q dice una por allá arriba pa’ defenderse q ella no cayó.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s