¿Día de la mujer o clase de historia?

Imagen tomada en la casa-museo Carlos Baliño de Guanajay durante el acto celebrado en conmemoración del día de la mujer. Foto: Javier Montenegro

Imagen tomada en la casa-museo Carlos Baliño de Guanajay durante el acto celebrado en conmemoración del día de la mujer. Foto: Javier Montenegro

El domingo pasado, uno de mis amigos del grupo espeleológico Guamuhaya me informó sobre una actividad por el día de la mujer que se realizaría en el Museo Carlos Baliño de Guanajay a una combatiente. Prometí asistir, pero a medida que se acercaba la fecha, tenía menos deseos; temeroso de un acto protocolar, llegué al sitio. Los organizadores del evento estaban nerviosos pues la compañera aún estaba en un conversatorio con los trabajadores de TRD del municipio.

¿Quién era la homenajeada? Rosa Mier López, una de las fundadoras del Frente Cívico de Mujeres Martianas, junto a Pastorita Núñez. Escuché un “ya viene, ya viene” y al instante miré en la dirección señalada. Una señora con bastón, con cada uno de sus cabellos blancos, y tomada del brazo por el abuelo de uno de mis amigos se acercaba al lugar. “La pobre”, pensé, “84 años no pasan por gusto”. Pero se soltó de su acompañante y entró en una casa unos metros antes de llegar a donde estaba yo. ¡Qué agilidad! ¿La traerían aguantada para que no escapara?

La Casa de Combatientes de Guanajay y el Museo Carlos Baliño habían organizado la actividad para homenajear a una de las mujeres insignias de nuestro pueblo, y no dejar para después, como muchas veces ocurre, los reconocimientos tardíos. Rosa iba saludando a cada uno de las personas mayores que salían a su paso con muchísimo cariño. A veces no los reconocía, y debía esperar a que le dijeran el nombre para saber quiénes eran. No es para menos, las arrugas son un disfraz que cada año mejora.

Incluso dentro del museo, no dejaba de repartir abrazos y besos. Llegaron los representantes del Gobierno y del Partido, y comenzó la actividad. Para ser sinceros, me sentí incómodo al inicio. Conocía a algunos abuelos de amigos, pero la mayoría eran personas que nunca había visto; era de los pocos jóvenes entre tantos años. Pero poco duró la incomodidad, como los temores del acto aburrido: presentación, un poema bello y sin excesos por el día de la mujer, y Rosita tomó la palabra.

¿De qué hablaba? Anécdotas, historias, rememorando los días de lucha. Una mujer muy desenvuelta, sin ese hálito de falsa modestia que envuelve a muchas personalidades. Hablaba como lo que era, allí todos sabían quién era ella, y desde esa posición, comenzó a recordar los días de lucha en Guanajay. Algunos de los presentes, compañeros de aquellos tiempos, la ayudaban en la reconstrucción de hechos, no por problemas de memoria, porque su lucidez era increíble, sino con algunos detalles, como nombres, fechas y horarios. Lo mismo hablaba de cuando Fidel estuvo en casa de Nuevo, o cuando Melba le pidió a Esperón y a Eros que imprimiesen “La historia me absolverá”, o de cuando asesinaron a Bilique, o de la noche que pasó presa en el cuartel del pueblo junto a Tony y otros amigos y compañeros de lucha presentes. Mucha naturalidad, más que un acto, aquello era una conversación entre amigos, una conferencia donde debieron estar cada uno de los jóvenes del municipio para que conocieran un poco de historia local.

Tampoco piensen en ancianos contando anécdotas sin ton ni son; toda la conversación giraba alrededor de un punto: Guanajay tiene una historia muy grande; moncadistas, asaltantes a Palacio, expedicionarios del Granma, luchadores clandestinos. Alguien tiene que rescatarla.

Rosita donó al museo del pueblo varios artículos: documentos históricos (algunos originales, otros fotocopiados), el traje que ella usó en el desfile del 50 aniversario de la Revolución, la Placa 280 Aniversario de la Universidad de La Habana entregada a las integrantes del Frente Cívico Martiano de Mujeres, fotos de reuniones en Guanajay allá por los años cincuenta, además de la clase de historia a la cual, al menos yo, tuve el placer de asistir. Luego llegaron los reconocimientos, a ella y a todas las mujeres presentes en aquella sala.

La anciana de ochenta y tantos años salió del museo para recorrer el pueblo con unas energías que quisiera yo tener a esa edad, si llego. Antes de terminar, Rosa Mier López reveló que sus cenizas serán echadas en el río Capellanía, una suerte de Quibu que atraviesa el pueblo de Guanajay.

Publicado en Cubadebate.

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Acerca de Javier Montenegro

Estudiante de periodismo
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