De nuevo en tren, de nuevo a Santiago

Parece mentira. Después de la experiencia de hace un año me lancé una vez más en el tren de la muerte a Santiago de Cuba. Nada que ver con el 3:10 a Yuma, ni la puntualidad ni la rapidez son el fuerte de estos monstruos rodantes cubanos. Solo son una maza de hierro amorfa, que va inhalando y exhalando todos los olores inimaginables que no existen. La ida o la vuelta, estos viajes ponen a prueba a cualquier organismo vivo.

Los asientos son sinónimos de dos palabras: dolores e incomodidad. Da igual cómo te sientes o acuestes, la cervical, la pierna, la cadera, la columna, todo te dolerá. Veinte horas de viaje en tren son el equivalente a tres partidos de fútbol de 90 minutos. Además, los asientos traen sorpresas… cucarachas, otros insectos desconocidos para mí, o algún suvenir olvidado por los viajeros anteriores, o los anteriores a estos. Quién sabe. Y si estás cerca del baño, ¡muérete!

En el viaje de regreso mi cubículo estaba al lado del baño. Dejemos algo claro, el baño de un tren no es nada parecido a un baño público, y estos de por sí dan espanto. En un tren no hay agua, así que no pueden descargar, y la solución a esto es dejar un agujero por donde orina y heces se lanzan para marcar el territorio del tren: la vía férrea. Pero entre la mala puntería de los pasajeros y la pulcritud de otros que para no mojar la planta de sus zapatos orinan sin entrar al baño, se crea un río de líquido amarillo con mucho olor que va recorriendo el vagón (el líquido, el olor es obvio). Ni duermes bien por la peste, ni te cae bien la comida por la peste, y cada vez que tocas algo húmedo solo piensas “me embarré”. Así, al terminar el viaje, hablando como buen cubano, el meado daba al pecho.

Se detiene en cada casa del camino, no sé si el maquinista toma café en cada una de ellas. Tantas paradas resultan agotadoras, y en las más importantes, una banda de vendedores, acompañados de un grito de “al abordaje” toman el tren. Pizza con jamonada, panes con todo tipo de embutidos y los peores quesos (o los mejores, según el olor), vendedores de refresco frío, de agua, vinos que arruinarían el paladar de cualquier catador, aguardiente, vendedores de hilo que explicaban por qué los precios eran tan baratos. De todo, eran una plaga y como plaga, les temíamos. No solo a sus productos, también a su mera presencia. Son muchas las leyendas sobre robos en los trenes, y cuando uno llega a una parada se le sube el guarda inglés a la cabeza y se para en firme frente a su cubículo.

A otros les toca la misión de buscar agua, o algún alimento decente. La mayoría sigue durmiendo. Otro problema de estos viajes es el tiempo. A veces no avanza. Al parecer, existe una ruptura en la relación del tiempo y el espacio. Una muchacha me comentó que este tren iba muy lento, que ella estuvo 72 horas en uno donde sí se notaba la velocidad y que avanzaba. En tono burlón le pregunté ¿de dónde era ese tren? ¿De la Siberia? “Sí, era el tren siberiano”. Me morí de la risa y de la pena.

¿Soluciones para combatir el tiempo? Dormir, leer, sobredosis de Calle 13 o cualquier otro tipo de música. De Álvaro Torres no, eso ralentizaría el tiempo. Juegos que mantengan la mente despierta y sean competitivos también son útiles. Pero hay uno especial: el póker por tapitas de ron, aguardiente o vino. Cuando termines con uno, sigues con el otro, no importa la mezcla, lo importante es acelerar el tiempo. Y eso no es cosa de borrachos, como diría un borracho, sino soluciones para enfrentar los paisajes desoladores de Cuba vistos desde un tren que debe resultar desolador para los habitantes de estos parajes desoladores. Yo no soy bueno con las citas, pero además de plantar un árbol, tener un hijo y escribir un libro, en la vida hay que viajar en tren.

Camagüey... Dormir en el viaje Iglesia con el tren andandoEstaciónEl monstruo de noche

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Acerca de Javier Montenegro

Estudiante de periodismo
Esta entrada fue publicada en Crónica, Fotografía, Santiago de Cuba, Surrealismo y etiquetada , , , , . Guarda el enlace permanente.

6 respuestas a De nuevo en tren, de nuevo a Santiago

  1. kty dijo:

    Javier inevitablemente me hiciste reir,y recordar esa experiencia única

  2. Yero dijo:

    escrito con bomba, empinga’o!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

  3. Carlos Manuel dijo:

    la pincha está durisima. la pincha de 24 horas también está buena. la pincha del servicio militar está durísima. mi hermano, usted, de los menores de 30 años, es mi periodista preferido. archívese y regístrese. un abrazo.

  4. Muchas gracias a los 3. Carlos, te pasas men, pero te lo agradezco un mundo

  5. btik dijo:

    me gustó mucho… lo compartiré con los muchachos de 3ro de Comunicación que planean un viaje al Turquino.

  6. al final no es tan terrible, hay que disfrutarlo,

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