Paso al Voleibol

 

El parque de Guanajay es uno de los centros deportivos más conocidos del pueblo. Con balones o pelotas, en menos de veinte minutos se reúnen una serie de puntos fijos de la zona; incluso la policía ha intervenido en disímiles ocasiones, por lo general, por quejas de vecinos. Es injusto decir vecinos, porque las “denuncias” siempre vienen de la misma casa.

Los amantes del fútbol son los que más disfrutan: los bancos de granitos, porterías inamovibles, evitan cualquier tipo de discusión con respecto al gol. Se ha creado una nueva variante del deporte más hermoso del mundo exclusiva del parque, si el balón se sale de los límites y entra de nuevo, el juego continúa, no importa si el rebote se debe a un árbol cuatro metros más atrás. También son famosos los esguinces y fracturas debido al concreto, sin contar los dolores musculares y de columna invocados por el mágico asfalto.

Sobran las leyendas en cuanto a las pelotas de fútbol; en una ocasión, una Euro’96 fue aplastada por un metro-bus, uno bien lleno. Solo se veía un filo de la ex-esférica, pero cuando el monstruo rodante dio marcha atrás, estaba intacto. No corrió con igual suerte una comprada en el Santiago Bernabéu; claro, en esta ocasión el chófer de la guagua no dio marcha atrás y en el primer día de juego, el balón murió.

Pero a pesar de ser el fútbol el deporte de más tradición en nuestro parque, el cuatro-esquina ha trascendido mucho más. Durante un tiempo, tanto se calentaba la parte de la calle 72 (Agramonte), que la policía decidió tomar cartas en el asunto y expulsar a los jugadores; incluso, existen rumores de unas multas de 400 pesos. No debe ser cierto, pues algunos vecinos no tendrían cristales.

Quiquinbol, pelota y una variante bien extendida en Cuba, el taco, también han tenido sus ligas. Pero estos son un poco más problemáticos debido a que algún desprevenido puede llevarse un mal golpe o la fachada de nuestras magníficas edificaciones puede ser víctima de la furia y fuerza de los deportistas.

Pero en estas vacaciones el voleibol se apoderó del corazón del pueblo. Una net amarrada entre una farola y un árbol, y un balón muy bueno, vale aclarar, robaron el lugar al fútbol y a cualquier otro deporte. Las tardes del parque son de pseudo-voli. ¿Por qué pseudo? Las faltas en la net llueven, al parece gana quien más veces la golpee. Luego están los jugadores; si de casualidad estás sentado en un banco y no escuchaste cuando pidieron el último, alguien se te aproximará con muy mala cara y apuntándote con un cigarro encendido te preguntará: “¿Tú eres el último?”, y ante un sí inocente te dirá: “Voy detrás de ti”.

Y así seguirán pasando deportes por el parque. No me extrañaré cuando encuentre una mesa de billar en la esquina de 72 (Agramonte) y 63 (Aramburu); o si el poco césped se convierte en un campo de golfito.

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Acerca de Javier Montenegro

Estudiante de periodismo
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