El viaje a Santiago (parte IV)

“La bajada debe ser mucho más sencilla que la subida”, pensé. Estaba muy equivocado, frenar en cada paso era agotador; pero peor aún fue subir una pequeña inclinación que hay entre el Pico Cuba y el Turquino. De ahí en adelante todo fue bajando. ¿De dónde salió la frase “para abajo todos los santos ayudan”? Sea quien sea, no ha subido el Turquino.

Una fuerte llovizna nos acompañó en los primeros kilómetros de bajada, mezclada con nubes que es empecinaban en cambiar la temperatura de manera brusca. Mi overol estaba empapado. Fue curioso ver cómo los kilómetros tenían la misma distancia que cuando subimos; yo albergaba la esperanza de que se volvieran más cortos, o que demoráramos menos entre uno y otro. Cuando llegamos a la estación del Pico Cuba nos detuvimos a esperar al resto. Le pedimos a Karla que comprobara si había alguien en la estación para pedir agua. Mágicamente, Alba surgió del interior de la cabaña; Darío, que al llegar a la cima con una yagua en la mano explicó algo de la velocidad del descenso, había comenzado a bajar de primero para buscarla, y al estar ella descansando dentro, no la vio. Al llegar el resto del grupo, todos activamos el “piloto automático”, técnica aplicada por Iván tanto para subir como para bajar y que consistía en ir realizando otras funciones mientras los pies andaban.

Si esto fuera un informe, podríamos decir que Alba y el rubio se separaron del grupo en busca de la base; el guía llevaba a Claudia por un brazo; Ronnie y sus piruetas evitaban caer al piso por sus resbalones; Iván buscaba constantemente el quinto punto de apoyo (comodidad o caída, se desconoce la causa); Anita y yo heridos de la risa por Iván y Ronnie; Onel custodiando al guía y a Claudia; y Manuel y Karla quejándose mutuamente. Al llegar al maravilloso cartel que incita a subir el Pico Cuba, competimos por los banquitos de madera allí presentes; Yosvani y Yainier estaban sentados allí, junto a Alba y el rubio. Debatimos sobre los conocimientos de medición de los santiagueros y del largor (o longanismo) de los kilómetros; el 6-7 volvió a llevarse el premio. Los cuatro compañeros que descansaban allí al nosotros llegar siguieron bajando y no los vimos más hasta la base. Luego partimos nosotros; aquello era una tortura, no era humano ir frenando a cada paso; me dolían las rodillas y tenía los dedos de los pies hinchados; si parábamos a descansar, el cansancio te atrapaba, y si seguíamos caminando, el cansancio te atrapaba.

Llegamos a la otra estación y tomé agua hasta reventarme. Ronnie había llenado el pomo después de jactarse él, y nos lo tomamos antes de terminar de bajar. Oriné por segunda vez en el día y me di cuenta de que necesitaba tomar más agua. Los dos últimos kilómetros eran por un camino de piedras que en la subida se fueron volando, pero ahora ralentizaban aún más la marcha. Por fin se acabó aquel horrible descenso; cuatro horas frenando a cada paso habían sacado músculos de mis piernas que ni conocía. Luego un detalle que no podía faltar: la camioneta no estaba. Una hora pasó antes de su llegada. Algunos comimos, otros tomaron una siesta y hubo quien cayó profundamente dormido.

Cuando llegamos a la base, todos fuimos directo para el río. Era imposible que el agua estuviera más fría; después de bañarme, me quedé largo rato con los pies en el agua sentado sobre una piedra. Vi a varias personas “bañarse”, pues el tiempo que estaban dentro del agua no coincidía con el tiempo mínimo de una ducha. Después fuimos a comer pollo en alguna de sus múltiples variables.

No sé de dónde sacamos las fuerzas, pero en la noche jugamos cartas y dominó. Después si fui a mi cámara funeraria para caer muerto hasta el otro día. ¿Cartas? Iván todavía tiene mis cartas.

“La bajada debe ser mucho más sencilla que la subida”, pensé. Estaba muy equivocado, frenar en cada paso era agotador; pero peor aún fue subir una pequeña inclinación que hay entre el Pico Cuba y el Turquino. De ahí en adelante todo fue bajando. ¿De dónde salió la frase “para abajo todos los santos ayudan”? Sea quien sea, no ha subido el Turquino.

Una fuerte llovizna nos acompañó en los primeros kilómetros de bajada, mezclada con nubes que es empecinaban en cambiar la temperatura de manera brusca. Mi overol estaba empapado. Fue curioso ver cómo los kilómetros tenían la misma distancia que cuando subimos; yo albergaba la esperanza de que se volvieran más cortos, o que demoráramos menos entre uno y otro. Cuando llegamos a la estación del Pico Cuba nos detuvimos a esperar al resto. Le pedimos a Karla que comprobara si había alguien en la estación para pedir agua. Mágicamente, Alba surgió del interior de la cabaña; Darío, que al llegar a la cima con una yagua en la mano explicó algo de la velocidad del descenso, había comenzado a bajar de primero para buscarla, y al estar ella descansando dentro, no la vio. Al llegar el resto del grupo, todos activamos el “piloto automático”, técnica aplicada por Iván tanto para subir como para bajar y que consistía en ir realizando otras funciones mientras los pies andaban.

Si esto fuera un informe, podríamos decir que Alba y el rubio se separaron del grupo en busca de la base; el guía llevaba a Claudia por un brazo; Ronnie y sus piruetas evitaban caer al piso por sus resbalones; Iván buscaba constantemente el quinto punto de apoyo (comodidad o caída, se desconoce la causa); Anita y yo heridos de la risa por Iván y Ronnie; Onel custodiando al guía y a Claudia; y Manuel y Karla quejándose mutuamente. Al llegar al maravilloso cartel que incita a subir el Pico Cuba, competimos por los banquitos de madera allí presentes; Yosvani y Yainier estaban sentados allí, junto a Alba y el rubio. Debatimos sobre los conocimientos de medición de los santiagueros y del largor (o longanismo) de los kilómetros; el 6-7 volvió a llevarse el premio. Los cuatro compañeros que descansaban allí al nosotros llegar siguieron bajando y no los vimos más hasta la base. Luego partimos nosotros; aquello era una tortura, no era humano ir frenando a cada paso; me dolían las rodillas y tenía los dedos de los pies hinchados; si parábamos a descansar, el cansancio te atrapaba, y si seguíamos caminando, el cansancio te atrapaba.

Llegamos a la otra estación y tomé agua hasta reventarme. Ronnie había llenado el pomo después de jactarse él, y nos lo tomamos antes de terminar de bajar. Oriné por segunda vez en el día y me di cuenta de que necesitaba tomar más agua. Los dos últimos kilómetros eran por un camino de piedras que en la subida se fueron volando, pero ahora ralentizaban aún más la marcha. Por fin se acabó aquel horrible descenso; cuatro horas frenando a cada paso habían sacado músculos de mis piernas que ni conocía. Luego un detalle que no podía faltar: la camioneta no estaba. Una hora pasó antes de su llegada. Algunos comimos, otros tomaron una siesta y hubo quien cayó profundamente dormido.

Cuando llegamos a la base, todos fuimos directo para el río. Era imposible que el agua estuviera más fría; después de bañarme, me quedé largo rato con los pies en el agua sentado sobre una piedra. Vi a varias personas “bañarse”, pues el tiempo que estaban dentro del agua no coincidía con el tiempo mínimo de una ducha. Después fuimos a comer pollo en alguna de sus múltiples variables.

No sé de dónde sacamos las fuerzas, pero en la noche jugamos cartas y dominó. Después si fui a mi cámara funeraria para caer muerto hasta el otro día. ¿Cartas? Iván todavía tiene mis cartas.

Anuncios

Acerca de Javier Montenegro

Estudiante de periodismo
Esta entrada fue publicada en Crónica, Santiago de Cuba y etiquetada , , , , . Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a El viaje a Santiago (parte IV)

  1. Maite dijo:

    Que cartas???? no entendi esa parte, te dije que iba a ser peor la bajada, pero no me creyeron 😛

  2. Barajas o naipes. Y sí, la bajada fue violentísima

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s