El viaje a Santiago (parte III)

Por más de una hora estuvimos buscando el cartelito 7 Km. “Se lo llevó Manuel para fastidiar”, esa fue la conclusión a la que arribamos Nelson, Ronnie y yo. Olvidé mencionar que Nelson era uno de mis acompañantes y además un invitado llamativo: los dos primeros números de su carnet de identidad eran el seis y el dos, en ese orden (difícil pensar que fuera del otro modo). Cuando ya estábamos listos para encontrar el 8 Km apareció el siete. Catarsis. A ese paso no íbamos a llegar nunca. ¿Y el guía? De seguro andaba entre los matorrales burlándose de aquellos habaneros que no podían subir una loma.

Cada diez minutos nos deteníamos a comer. El agua escaseaba, como las fuerzas para seguir subiendo. En más de una ocasión las piernas me temblaban al subir los escalones. Tuve que pedir a mis acompañantes que pararan, necesitaba descansar. Luego lo hizo Ronnie, necesitaba comer. Y el compañero “medio siglo” no pidió ni un descanso, todo lo contrario, se la pasaba apurándonos y evitando que nos tomáramos toda el agua. Al fin llegamos al Pico Cuba entre nubes y una leve llovizna. Nos tomamos algunas fotos con el busto de Frank País y seguimos. Aquello fue una dosis de moral para mí. Avanzamos un poco y encontramos a Manuel y al rubio desfallecidos en una estación de descanso. El rubio había dejado a su novia atrás (no fue tan feo como se lee) y había continuado el ascenso; pero como a Manuel, se le habían acabado las fuerzas.

Nos miraron como si fuésemos bichos raros y con resignación continuaron con nosotros la búsqueda del Turquino. El cansancio primaba. Luego de pasar el kilómetro nueve escuchamos una voz femenina. Pensé en Alba, que habíamos dejado atrás con Darío, y empecé a gritarle algunas cosas referentes a su flojera y lentitud. Para horror de todos quien contestó fue Karla, niña de la casa, con historia papelazera en el intento de subida de mi grupo de periodismo al Pan de Guajaibón. ¿Qué hacía allí? ¿Cómo había logrado llegar? Nadie se explicaba la presencia de Karla en tan altos parajes, pero decidimos esperarla.

De ahí en adelante el grupo comenzó a parecerse a los pelotones de ciclismo: unos escapaban, luego eran alcanzados y rebasados por otros. No teníamos noticias de Ernesto, hijo de Nelson, desde el kilómetro seis y Manuel desde el siete no lo veía. Una bajada violenta en el camino nos dejó helados. Había que subir de nuevo y a nadie le hacía gracia. 10 Km anunciaba un cartel al que besé como si de una novia se tratase. Ya estábamos a 500 metros de Martí.

Llegamos. Fotos. Comida. Más Comida. Descanso. Cobertura en el móvil de Manuel. Se me quedó el mío. Más fotos. Más comida. Poca agua. A las 11 y 50 de la mañana poníamos pies en el Pico Turquino. Cinco agonizantes y larguísimas horas demoramos en llegar. Ernesto había llegado treinta minutos antes y conversaba con una paloma atolondrada que por arte de magia estaba allá arriba. Debía ser extranjera, porque no se cómo llegaría una paloma cubana hasta esa altura.

El rubio, que a falta de nada para llegar a la punta se detuvo a descansar, hizo su entrada triunfal junto al guía. Onel y Claudia, para el asombro de muchos, también llegaron junto a él. Luego Darío plantó bandera junto a Martí, sin Alba y con cara de “subí por segunda vez el Turquino”, pues era la segunda vez que subía el Turquino. Cuando ya nos íbamos a tirar la foto colectiva junto al busto, apareció Iván, el pichi, y Anita, única exponente del grupo dos de periodismo que llegaba en la brigada de los suicidas. 11 de 25, buen promedio de llegada si se tiene en cuenta las condiciones en que subimos.

Cuatro guanajayenses poníamos pies en la mayor elevación de Cuba el Día de San Valentín. Ya quedaba lo más fácil: el descenso.

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Acerca de Javier Montenegro

Estudiante de periodismo
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4 respuestas a El viaje a Santiago (parte III)

  1. esta bueno esto, solo espero k en el proximo escrito cuentes cómo fue la bajada pk no la recuerdo como lo más fácil, también fue dificil, sobre todo pk tanto escalones para abajo me dieron dolor de cabeza y de barriga

  2. la bajada? de película… ya te cuento luego…

  3. Maite dijo:

    Tan bueno como los demás… voy para el de los spiologos

  4. Ivan dijo:

    Sin dudas la bajada fue la parte mas mala de ese viaje. Si no hubiera sido por el piloto automático no se que habría sido de mi. Aún así, creo que concuerdas conmigo en que todo estuvo super…

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