El viaje a Santiago (parte I)

La terminal de trenes de la Habana es un antro de la perdición; la mera presencia en este lugar acojona al más valiente viajero. Estuve cerca de 2 horas esperando la salida del tren con la incertidumbre de si uno de mis acompañantes podría viajar o no. Después de mucho burocratismo, papeleo y charlas, Ronnie se quedó en la terminal. La gran mayoría del personal trató de ayudarlo, pero cuando un atravesado asoma la cabeza, no hay nada que hacer; incluso, intenté intercambiar una suma de dinero por el boleto, pero el hombre se mantuvo renuente; a mala hora apareció una persona honrada. El tren partió en hora y cinco minutos después me llamó Ronnie: “Para el tren que ya me confirmaron el pasaje”, mi respuesta no se hizo esperar “ya estoy sacando el revólver de la maleta, se lo pongo al maquinista en la cabeza y le digo que pare”.

Le expliqué que debía ir a Campo Florido para ver si el tren paraba allí. Fue en vano, siguió de largo y él no había llegado. Luego paró en Jaruco, pero Ronnie no apareció en la nave espacial que conduce su padre. “Mi hermano, te queda Matanzas nada más, sino llegas ahí, no podrás montarte en el tren”. Me dijo que vería si podía, dependía de su padre. El tren pararía en Matanzas faltando diez para las once. A cinco minutos de que se cumpliese el plazo, me llamó para que preguntara donde quedaba la terminal de trenes en esta provincia, pero no me dejó averiguar, me dijo que ya había montado a un hombre en el carro que lo guiaba. Finalmente subió al tren y ni le pidieron el pasaje; cosas como esta son las que adoro.

Por lo demás, el viaje fue bien incómodo. Mezclé ron con vodka y vino para ver si caía muerto, pero nada de nada, la incomodidad de los asientos pudieron más que el alcohol y solo dormí cuatro horas durante el viaje de 21; pero eso no fue todo, luego transcurrieron siete horas más hasta llegar a La Mula, un campismo con rasgos de pueblo fantasma, cementerio incluido. Aunque este viaje fue de menor duración, fue tan terrible como el anterior, no sé si por el mal estado del camino, por la cantidad de bultos que llevaba encima o por el cansancio acumulado. Llegamos a la 12 y 50 de la madrugada, y nos acostamos cerca de las tres esperando la comida. Aún así logré convencer 24 suicidas para que subieran el pico al día siguiente.

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Acerca de Javier Montenegro

Estudiante de periodismo
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7 respuestas a El viaje a Santiago (parte I)

  1. Maite dijo:

    JAJAJJAA me he reido d elo lindo con este post jajajaja, aun me rio. Por fin al scucarachas?? llegaste al Martí???? Pobre Ronnie era de la Humboldt?
    keep going plizzz

  2. Julio dijo:

    Mi socio, te juro que si hubiésemos llegado un par de horas antes a La Mula, huebieran sido más los suicidas…

  3. montura dijo:

    Calma Maite, jejejeje, déjame terminar de contar, no? Sip, Ronnie es de mi año de Humboldt 7
    Julito, no te preocupes, que no te reprocho nada, yo estoy consciente de que fue una locura, la prueba es la cantidad que llegamos.

  4. Maite dijo:

    Después de leerte, recordé que en mi viaje al turquino tuvimos un incidente en el tren y en Matanzas, Jovellanos exactamente.
    Veníamos de regreso y dos matanceras decidieron bajarse allí para no llegar hasta la habana y virar (obvio). Desde que arrivamos al tren la matancera líder: Sonia (a quien “cariñosamente” llamábamos Sonia la Guerrillera) atravesó 28 vagones para preguntarle al motorista (chofer d ela locomotora del especial) si el paraba en Matanzas, jeje como si fuese en un tiko!!!!.
    El chofer le dijo que solo disminuian la velocidad del tren para cambiar de línea!!!!!
    Ahí comenzó la odisea, Sonia empezó a reclutar matanceros para tirarse del tren y solo una Dianelys la apoyó. Supuestamente a las 7 am el tren pasaba por Jovellanos y desde las 6 y 15 ya Sonia estaba en la escalera lista para tirarse y todos desde el vagón suplicándole que no lo hiciera pues era muy peligroso, pero ella firme en el estrado.
    Cuando el tren comenzó a aminorar Sonia tiró la mochila y 200 mts después se tiró ella!! en las piedrecitas grises sentada, corrió hacia atrás a buscar la mochila y empezo a hacerle señas a la otra para que se tirara al final, nos dimos cuenta que un tren de tantos vagones tiene que frenar para cambiar de línea jaja asi que Dianelys se bajo perfectamente!!!

  5. Jejeje, tremendo papelazo, no me imagino saltar del tren. El tren de nosotros era el regular, así que los que e bajaron en las diferentes paradas no tuvieron problemas, si es que el tren paraba por todo.

  6. Fuser dijo:

    Grandiosa crónica.

    Mi padre era un ferviente amante de los ferrocarriles, y este tipo de historias parece que son comunes en todos los países del mundo. 🙂
    Aquí, ahora, con la modernidad llegaron los trenes de nueva generación diseñados en Europa. Puertas automáticas con sensores de movimiento, café-bar, TV, enchufes de electricidad… pero como estamos en España la tónica sigue siendo la misma: te multan si subes sin billete, y si lo compras no pasa el revisor a hacerle el agujerito.

    Saludos, y felicidades por este buen blog.

  7. muchas gracias por la felicitación.
    al parecer los trenes cubanos no son los únicos que tienen historias de horror y misterio… esta es la primera vez que monto en un tren para un viaje tan largo.

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