Lecturitas comentadas

Con esto abro una sección por acá para comentar algunos lecturitas que me parecen interesantes, el nombre iba a ser otros, pero el Charly ya se robó el título con su blog Leyendo Periódicos Viejos.

Imagen tomada de internet

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En la National Geographic España de octubre del 2012 hay un artículo sobre la venta ilegal de marfil. No me enteré por ahí de todas las matanzas de los elefantes ni mucho menos, pero sí de las hipocresías de muchas sociedades protectoras, del gobierno chino, y otras aventuras relacionadas con los valiosos colmillos, todo gracias a un buen trabajo periodístico, una investigación de varios meses, en otras palabras, un terreno desconocido en Cuba.

El artículo se mueve por muchísimas aristas, ofrece una cantidad abrumadora de datos y se refiere al problema sin pelos en la lengua (aunque no dudo cierto proteccionismo al país que alberga a la National Geogrpahic Society). Quien escribe (Bryan Christy) coloca a Asia como el gran villano de la cacería furtiva de elefantes y a la religión como una de las principales causantes. “El marfil honra a Dios”. Importantes sacerdotes filipinos, el gobierno chino jugando cartas sucias en la liberación de la venta del marfil, los japoneses haciendo lo suyo, todo muy interesante, y uno aquí desconociendo el día a día de nuestra realidad.

Pero no es solo la cuestión del tema, la construcción del artículo también es espectacular; para uno leerse diez cuartillas de asesinatos de animales, confabulaciones gubernamentales, especulaciones financieras y demás, es imprescindible una buena pluma y mejores fotos. En nuestro caso, el azul y el rojo no han logrado esto con mucha frecuencia, y las revistas con mayor número de tiradas tampoco; cuando lo han hecho, es para defender a una anciana de cincuenta y tantos años.

Pero la principal diferencia está en la gran cantidad de fuentes consultadas. Por algún motivo desconocido, aquí las voces oficiales se consideran con la autoridad de guiar al periodista. Están en su derecho de callar y no dar una información, pero el reportero de turno no puede mencionar el silencio de una institución porque al instante los perros le caen encima; es inconcebible para nosotros citar a un dirigente sobre un tema escabroso porque él aludirá que eso fue fuera de grabación o el periodista no estaba autorizada o decirlo. Después de leerme este artículo, me entraron serias dudas sobre los límites que debemos emplear (o no) cuando citamos a nuestros interlocutores.

Al final, el artículo desmenuza el problema (al menos a mí me deja conforme) y construye toda una historia cíclica que termina refiriéndose al primer párrafo del trabajo. No lo vean como un deslumbramiento, llevo años leyendo estas revistas de bordes amarillo y cada día me jode más la diferencia colosal de nuestros medios con cualquier otro del mundo. Ni escribimos bien (y quien lo haga, se mantiene en las sombras), ni somos capaces de construir una historia interesante, ni de abordar un problema real, ni de dar una noticia con la bendita objetividad a la que siempre nos referimos.

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Rompe Ralph y el juego con la nostalgia

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Como crecí con los videojuegos (no siempre jugando, a veces como espectador o escuchando leyendas sobre técnicas secretas) me faltaba esa jarana cinematográfica relacionada con muchos de los héroes de mi infancia; Rompe Ralph gana su primer punto con la narración desde la perspectiva de “el malo”, la cual está muy bien concebida. La industria cada día es más consciente de que no solo venden los héroes tradicionales.

Pero el gran gancho de la película son los diez primeros minutos: los problemas existenciales de los villanos y las sesiones de terapia grupal para ayudarse unos a otros a aceptar el duro código de programación que les ha tocado; la solución es tomarse la vida partida a partida. Los constantes cameos, si se les puede llamar así, y los guiños, como Sugar Rush y su clara referencia a Mario Kart, dan la sensación de estar ante una obra “from gamers to gamers” y se agradece mucho aunque utilicen descaradamente la nostalgia y la memoria afectiva para mantenernos como niños sin despegar los ojos de la pantalla.

Disney es especialista en jugar con los sentimientos, en aguarnos los ojos, nadie habrá olvidado la muerte de Mufasa o el cazador invisible que priva a Bambi de su madre; aquí no llegan a ese extremo pero la efectividad de la dupla Ralph-Vanellope no solo mantienen buena química en pantalla (suena tonto, pero es una de las grandes ventajas de la animación, prescindir de los actores) sino que la relación de ellos se convierte en el hilo conductor. Otro punto a favor de la peli es el empleo de la voz en off de Ralph; él no nos habla a nosotros, sino al grupo de terapia de los villanos y con esto nos convertimos en uno de ellos, en alguien que ha tocado fondo, que no comprende su existencia. El recurso de empatía es efectivo porque no hay nada más inverosímil que alguien contándonos su vida mientras pasan los créditos de presentación; ¿y qué nos transmite Ralph? Cansancio, hastío y cuestionamientos acerca de la vida. Es triste, en los primeros minutos ya la cinta nos atrapó, tomó los hilos de la marioneta y terminará dándonos alguna lección de vida.

Todo gira alrededor de aceptar nuestro código de programación, lo que nos ha tocado en vida. Podría ponerme paranoico y ver todo un entramado político detrás de esta renuncia a la felicidad por un bien mayor de la sociedad (el videojuego en sí), pero no lo creo. Ralph acepta el credo de los malos porque hay cosas que no pueden ser cambiadas, aunque la analogía con ser el villano del videojuego nos deja un mal sabor de boca. La credibilidad y solidez se pierde en el inicio: el desprecio de los buenos hacia los malos; o quizás no, quizás el verdadero conflicto esté en la aceptación, en cómo ese desprecio hacia otras personas puede llevarlos a tocar fondo. Ese es el detonante dentro de Ralph: “no se disfruta del trabajo cuando a nadie más le gusta lo que haces” “A lo mejor si las cosas fueran distintas después del trabajo no me sentiría así”; cuando no logramos convencernos a nosotros mismos de la utilidad de lo que hacemos, necesitamos una mano sobre el hombro que nos lo diga. Ralph solo necesitó una pequeña niña. “No necesito una medalla porque si le agrado a esa pequeñaja, tan malo no puedo ser”.

Publicado en Cuba y la Noche

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Prohibido comentar o darle like (a.k.a. Agradecimientos)

Hoy el blog cumple tres años. WordPress me lo recuerda con una copita a modo de triunfo… qué sarcástico. Me gustaría escribir algo, pero ni idea. A esta hora de la madrugada, puliendo las entrevistas para la tesis, solo quiero dormir. Las fotos me han salvado de varias semanas sin publicar, pero ya ni me molesto en buscar en el archivo de animales e insectos molestados por un pseudofotógrafo. Mejor agradezco un poco a quienes han hecho posible este sitio.

Gracias a google por colocarme entre los primeros resultados de su búsqueda cuando alguien se interesa por la novena temporada de 24 horas. Gracias a todos aquellos que poseen un blog escrito desde posiciones elitistas y falsas posturas políticas, y muy agradecido a quienes hoy día escriben tanta porquería desde la falsa modestia, el oportunismo y la metatranca, ellos son mis modelos a no seguir.

Agradecido también, aunque en menor medida, a quienes dieron like aquí o en Facebook, a los que fueron capaces de fumarse un texto mío, a los comentaristas, a los que prefirieron callar por temor a perjudicarme en algo, a los que prefirieron callar por no decirme cuán malo estaba el post, a los que prefirieron decírmelo en persona, a los que me alzaron el ánimo cuando a este sitio no entraba nadie. Gracias a los profes que simularon interés por el blog y a los que se interesaron en verdad. Gracias a Maite por el empujón. Gracias a Elaine por el primer apuntalamiento moral y a Carlos por el segundo. Gracias a Aliet por el ejemplo. Gracias a Martes. Gracias a David por la mano. Gracias a Rafa por el aguante. Gracias a mamá y papá por lo que no se dice.

Pero gracias a mí… todo esto ha sido posible. No les queda otra que seguir aguantándome cuando termine quinto año. Ok, lo reconozco, es un texto un poco sensiblero para un aniversario, pero la otra opción era una perreta sobre el periodismo y no me pareció ético con la UPEC.

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Una noche con mucha suerte

Con la tesis estoy a golpe de fotos con el blog. Me disculpan, no me gusta poner el tiempo como justificación, pero esta vez no me queda de otra. Por suerte, como indica el título, el azar anda conmigo en los últimos días para usar la camarita de turista. No obstante, como toda foto tiene su historia, cuento que estas las tomé bajo una llovizna impertinente y sin trípode; fue difícil lidiar con la sombrilla y la cámara al mismo tiempo mientras unos chorritos helados corrían por mi espalda descamisada. Al final tomé como treinta imágenes apoyado en las irregulares tejas y con el obturador abierto quince segundos, pero tuve mi premio de consolación.

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Foto: Javier Montenegro

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Foto: Javier Montenegro

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Belleza en miniatura

Atrapar a un colibrí posado en una rama es difícil, pocos logran fotografiarlo así. Más complicado es retratarlos exhaustos en el suelo con las alas abiertas. Tuve suerte; este compañero entró a la casa, intentó salir por un cristal y quedó K.O. en par de ocasiones. Estaba agitado y ni se preocupaba por la presencia de ninguno de los miembros de la familia o de la cámara. Al final lo sacamos al patio, se recuperó y ojos que lo vieron ir. A cada rato regresa para penetrar las flores de la casa, o al menos creemos que es él.

Colibrí con alas abiertas. Foto: Javier Montenegro

Colibrí listo para despegar. Foto: Javier Montenegro

Colibrí agotado. Foto: Javier Montenegro

Colibrí de perfil. Foto: Javier Montenegro

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Sinister, el fracaso del intergénero

Cuando uno se enfrenta a una película de fantasmas, de monstruos y demás cosas fantásticas, casi nunca le entra al asunto de espalda y enjabonado. La carpeta con la película siempre viene con un póster o uno hace la tarea y se lee la sinopsis; todo esto provoca un pacto: cuando nos sentamos (también puede quedarse de pie o acostado) a ver la cinta, corremos ciertos límites que por lo general son inadmisibles. El ejemplo más sencillo es el de los asiáticos voladores: si no estamos acostumbrados o aceptamos de antemano la ligereza kilográmica de los japoneses, chinos y compañía, se nos hace imposible disfrutar la historia.

En el caso del cine de terror,las fórmulas y clichés están bien definidos e intentar saltárselos es muy peligroso. Para mezclar géneros se necesita mucho talento o mucha experiencia. En Sinister, la combinación entre el suspense-thriller-policiaco y los fantasmas fracasa de manera estrepitosa. De un inicio las cartas en la mesa nos señalan a un hombre de carne y hueso, un asesino en serie metódico, y aunque se respira un aire espectral a ratos, la cuestión no sobrepasa los sustos. El problema real en este tipo de cine es el momento mágico del cambio de género. Cuando vi Un Cuento de Fantasma, de Kenji Misumi, el autor ya nos anunciaba desde el título la presencia de los muertos y por eso el cambio brusco no molestaba tanto, más bien se disfrutaban los recursos empleados por el autor.

En Sinister falla. La idea no es mala: el investigador que no cree en nada paranormal se muda a la casa de los asesinatos para estar bien cerca de los hechos; por su mente jamás pasó la existencia de un ente legendario que controlase a sus víctimas. Eso está muy bien, pero cuando uno da el salto entre un mundo real y otro desconocidoel manejo de los hilos es esencial, no puede aparecer de pronto el rostro de un fantasma cuando todo apuntaba a un sicópata. Ahí se derrumba todo. En Los otros o en Sospechosos habituales (esta no es de fantasmas pero el ejemplo del final inesperado es válido) los cambios bruscos son efectivos porque las escenasmás impactantes de la cinta nos sirven como punto de viraje, son válidas para ambas historias, la que creíamos real en un inicio y la nueva verdad; además, ambas se guardaron el último golpe para el final; ese es otro de los fallos en Sinister, a mediados del metraje ya conocemos cómo terminará. Si vas a violar el pacto realizado en un inicio con el espectador, debes prepararlo y mostrarle el camino con algunas pistas, no pegarle un jab en la mandíbula cuando menos se lo espera, porque si se recupera del conteo de protección, tira la toalla y apaga el televisor, o como mínimo, se predispone por el resto de la cinta.

(Publicado en Cuba y la noche)

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Doblete: halo solar en el pueblo

No es noticia; en La Habana, en Camagüey, en todas partes se vio el halo solar; la ventaja mía es que tengo la pareja, el lunar y este ahora. Cuando vi las fotos de mis amigos del Quinqué, me molestó un poco no tomar ninguna instantánea donde se viera la torre de la Iglesia u otro símbolo guanajayense que coincidiera con el aro alrededor del sol; será para la próxima. Por lo demás, fueron los quince minutos de fama para el astro rey (no hay sinónimo más kitsch). Todos en el pueblo llamaban a los familiares, a los amigos, a los conocidos, y los más atrevidos se lo comentaban a los transeúntes desconocidos; en otras palabras: radiobemba salió al aire con una exclusiva paradójica, “miren el sol”. Todos lo hicieron, miraron arriba, y cuando se dieron cuenta de que no podían, buscaron unas gafas. Así somos, seguimos la ruta y cuando nos caemos por el barranco, buscamos los escollos para agarrarnos, pero nada de pensar antes de actuar. Les dejo las fotuchas tomadas desde el patio de mi casa.

Foto: Javier Montenegro

Foto: Javier Montenegro

Foto: Javier Montenegro

Foto: Javier Montenegro

Foto: Javier Montenegro

Foto: Javier Montenegro

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